

Posiblemente ningún país europeo posee la inmensa variedad cultural de Italia, que arranca de la antigüedad remota, pero también se expresa en cada una de sus provincias, tan distintas entre sí que Milán o Nápoles pueden detentar menos rasgos en común que cualquier ciudad sudamericana. Y pocas naciones del Viejo Mundo muestran los contrastes, los dialectos, las expresiones religiosas y las formas tan diversas en que la modernidad ha llegado a las distintas regiones o simplemente ha pasado de largo: si el norte es desarrollado, ciertas zonas del sur continúan manteniendo estructuras feudales.
Hace medio siglo, El gatopardo , de Lampedusa, remeció a la sociedad italiana al describir una Sicilia cuya clase dominante se adapta en forma oportunista a la evolución política e incluso se acuñó un vocablo -gatopardismo- para describir ese proceso. La acabadora , primera novela de Michela Murgia, que ha obtenido una sucesión de premios, lleva cientos de miles de ejemplares vendidos en el idioma original y se ha traducido a numerosas lenguas, promete convertirse en un acontecimiento similar. Aunque todavía es prematuro juzgar a Murgia, su obra es poderosa, extraña, emocionante y a ratos profundamente perturbadora. Sin retórica ni lugares comunes, con estilo nítido y maduro, la autora, estudiosa de teología, nos sitúa en Soreni, un pequeño pueblo de Cerdeña, en los años cincuenta: "Fillus de anima. Así es como llaman a los niños engendrados dos veces, por la pobreza de una mujer y por la esterilidad de otra. De este segundo parto era hija María Listru, fruto tardío del alma de Bonaria Urrai".
El comienzo nos introduce en una ancestral costumbre sarda cuyos orígenes se pierden en el tiempo, mediante la cual una anciana y una niña ligan sus vidas a través del sacrosanto lazo de la "adopción del alma". La nueva situación familiar no significa el abandono de los padres y hermanos biológicos, ya que eso nunca se ha contemplado en el pacto y además sería imposible en aldeas donde todos se conocen. Simplemente se trata de que una mujer mayor rica, sola, respetada, se haga cargo de una chica pobre para criarla, educarla, enseñarle un oficio y casarla con un hombre de recursos. De hecho, la "fill'e anima" -hija de alma- siempre llama tía, jamás mamá, a su tutora. Nadie osa cuestionar este convenio y tanto el Estado como la Iglesia parecen estar de acuerdo con su implementación.
María crece junto a Bonaria, la modista de Soreni, que ha confeccionado por generaciones la ropa para los habitantes de la localidad, traspasando sus conocimientos a la muchacha. Con todo, lo más importante para María será la escuela pública, donde ha llegado desde Turín, Luciana, bella e inteligente maestra que de inmediato siente interés en la alumna, muy dotada para las matemáticas y la historia. Luciana no tiene la más remota idea de estas peculiaridades, de modo que su primera y única entrevista con Bonaria la sume en una total perplejidad. Pese a su brevedad, La acabadora tiene un extenso cuadro de personajes, entre los que destacan Nicola y Andría Bastíu, hijos de un viñatero, el primero rebelde, el segundo enamorado desde siempre de María. El párroco, Frantziscu Pisu, posee "la paciente superioridad de quien en más de cuatro lustros había celebrado los funerales de cuantos se iban, incluidos los irreverentes". Y hace la vista gorda frente a otro hábito isleño que se pierde en la noche de los tiempos y da a esta ficción una escalofriante intensidad.
Desde que tiene uso de razón, María percibe el aire de misterio que rodea a Bonaria, manifestado en largos silencios, en inexplicables salidas nocturnas, en las miradas temerosas de los que atraviesan su camino. La anciana es la persona que tiene a su cargo, por mandato popular, la tarea de aliviar a los moribundos, llevando a cabo la eutanasia a petición del enfermo y de común acuerdo con sus parientes.
En La acabadora todo esto ocurre en un entorno en el que el espíritu arcaico convive con lo contemporáneo, las carretas de bueyes coinciden con los automóviles, los vestidos largos se topan con los jeans. Murgia recurre a la tenue ironía o al tono elegíaco para abordar el tema del fin de nuestra existencia, bajo un ángulo insospechado: el de una comunidad que, desde épocas inmemoriales, ha sabido enfrentar el momento postrero de modo colectivo, despojada de tabúes e hipocresía, recreando un universo atávico que sigue presente hasta nuestros días. En suma, estamos ante un debut novelístico estimulante y promisorio.
Aunque todavía es prematuro juzgar a Michela Murgia, "La acabadora", su primera novela, es poderosa, extraña, emocionante y a ratos profundamente perturbadora. Sin retórica ni lugares comunes, con estilo nítido y maduro, la autora nos sitúa en Soreni, un pequeño pueblo de Cerdeña, en los años cincuenta.
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Posteado por: Germán Tapia 15/01/2012 15:55 [ N° 1 ] |
La eutanasia se aplica en todas las comunidades donde no hay tabués religiosos, morales ni sexuales. El caso más conocido para nosootros es el de los esquimales, cuando se dio la película Salvajes Inocentes, basada en la novela En el país de las sombras largas, de Reusch. Recordemos que cuando el protagonista, encarnado en la película por Anthony Quinn, recibe a un sacerdote luterano horrorizado porque la cristiandad no ha llegado como debe y rechaza con horror el ofrecimiento de compartir a la mujer, es muerto porque ese acto, ese rechazo, es la peor ofensa que se puede cometer contra un semejante. Y luego viene la formidable secuencia en que la abuela, por decisión propia, de su familia y de toda la sociedad, parte sola a encontrar la muerte en la nieve y el frío, ya que los medios de subsistencia son escasos, el rigor de la vida es arduo, la gente simplemente tiene que morier pasada cierta edad o cuando una enfermedad ha llegado a un nivel en que la supervivencia se hace intolerable y completamente insufrible. Leeré a como de lugar la novela de Michela Murgia, que parece ser excelente. |
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Posteado por: Elena Latlippe 15/01/2012 16:12 [ N° 2 ] |
La gente habla sin parar sobre la futura desaparición del libro y los críticos literarios compiten en anunciar la desaparición de muchos géneros literarios, sobre todo la novela. Y resulta que cada vez tenemos más novelistas, en Chile y en el extranjero y a juzgar por esta crítica, sigue habiendo novelistas de primera clase. |
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Posteado por: Ernesto Parra 15/01/2012 20:00 [ N° 3 ] |
La eutanasia debería legalizarse en todas las sociedades laicas, cultas y que se pretenden civilizadas, lo contrario es el encarnizamiento trerapéutico, una de las formas de salvakismo más graves que se han puesto en práctica en los últimos 50 años. |
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Posteado por: Silvia Selowsky 16/01/2012 15:19 [ N° 4 ] |
La eutanasia ni siquiera debería ser objeto de debate o discusión, debería ser un derecho constitucional, un derecho humano esencial al que todos pudiéramos tener acceso si así lo deseamos, porque tampoco se trata de hacerla obligatoria, cada cual según sus creencias u opciones. |
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Posteado por: Nuvia Jarpa 16/01/2012 15:21 [ N° 5 ] |
Es completamente cierto que no hay ningún país europeo comparable a Italia en la infinita variedad de culturs y civilizaciones que han pasado por la península y en la diferencia radical que existe entre las diferentes regiones. En los últimos años, he tenido la oportunidad de ir seguido a Sicilia y cada vez que lo hago quedo maravillada, estupefacta, completamente incrédula ante la riqueza cultural de esa isla, la Magna Grecia, que quizá conserve más vestigios de la civilización helénica que la misma Grecia. |
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Posteado por: Bernardo Gutierrez 17/01/2012 01:00 [ N° 6 ] |
Por lo que he leído en la crítica extranjera, sobre todo la italiana, porque este libro ha sido un fenómeno, el tema de la eutanasia no es el fondo del asunto, sino, tal como lo dice Camilo Marks, lo es la forma en que una comunidad, desde épocas ancestrales, enfrenta sin tapujos el fin de la vida y eso es aceptado por las instituciones, el estado, hasta la iglesia. |
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Posteado por: Fernando Herrera 17/01/2012 01:03 [ N° 7 ] |
El único problema con estas críticas es que a veces los libros son demasiado caros o ni siqiera se encuentran en librerías, lo que es muy frustrante. Creo que una de las funciones fundamentales de la crítica literaria es entusiasmar al lector a conocer autores nuievos o descubrir a aquellos que había pasado por alto, lo que a veces es imposible en un país tan desprovisto de librerías decentes como Chile. |
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Posteado por: Ulises Gomez 17/01/2012 12:43 [ N° 8 ] |
Totalmente de acuedo con Fernando Herrera, Nº 7, las librerías chilenas son pésimmas, uno va a Buenos Aires, Río o Montevideo, se da una vuelta por la inmensa oferta que tienen allá, va a cualquier librería de acá y dan ganas de llorar a gritos. |
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Posteado por: Leo Campos 17/01/2012 18:48 [ N° 9 ] |
Respeto a todas las religiones y creencias, lo mismo vale para los partidos políticos, pero creo que la eutanasia debería legalizarse y permitirse su aplicación libre a quienes la pidan y cuyas familias lo consientan. |
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Posteado por: ingrid maria victoria lara leon 18/01/2012 12:30 [ N° 10 ] |
Ademas de ser Italia un pais bellisimo, con pueblos maravillosos, tiene costumbres aancestrales que impactan. El tema de este libro ademas de ser una muestra de las costumbres casi mediovales de algunos lugares italianos, es una muestra de lo novedoso del tema, un libro que sale de lo comun, y que al parecer es muy prometedor. |
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Posteado por: Margarita Fernandez 19/01/2012 14:45 [ N° 11 ] |
Pero por supuesto que este libro es absolutamente fuera de lo común, yo nunca he leído sobre una cosa así, primero adopciones del alma, luego hijas del alma y después eutanasia aceptada por toda una comunidad y permitida desde tiempso ancestrales. |
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