

Alejandro Cabrera (1970) es guionista televisivo, poeta, cuentista y miembro de un conocido grupo musical. Tal versatilidad se ve potenciada con la publicación de Soldados perdidos, su primera novela, un texto híbrido y copioso. Así, se dan la mano elementos que provienen de sus diferentes oficios, en especial manifestaciones de la cultura popular como graffiti, cómics, letreros, dialectos alternativos y, en especial, letras de baladas, aunque no siempre sean temas callejeros: hay citas a la "Canción de Solveig", de Grieg y una representación de "Turandot", de Puccini, en el Central Park de Nueva York, nada menos que con Verónica Villarroel en uno de los roles protagónicos.
Soldados... exhibe una aparente influencia de Roberto Bolaño, autor ausente en las referencias librescas de esta ficción. Y la estructura del difuso relato recuerda, por momentos, a Los detectives salvajes. Dividida en 11 secciones, que transcurren en varias partes del mundo, la obra liga a personajes y hechos en forma tenue, en ocasiones tan tenues que al lector le cuesta saber cuándo y cómo se conocieron Fulano o Mengano, qué les sucedió en el pasado y ahora los acerca, o cuáles son los frágiles vínculos que los ligan. El resultado es poco satisfactorio, porque el promiscuo material carece de unidad o da la impresión de que ciertos episodios cumplen una función de puro relleno, sin conexión con las historias que se relatan, carentes de un cauce central que las ligue. Muchas de ellas tienen dedicatoria, lo que refuerza la idea de que fueron segmentos independientes, introducidos con calzador en el volumen. La presencia de Bolaño se advierte en otros aspectos y por vía de ejemplo citaremos la reiterada argucia de los fantasmales concursos literarios y, en una ocasión, la divertida mención honrosa de la Ilustre Municipalidad de Quillota. Es lo que sucede con "Para que no te duermas", una lograda pieza, lamentablemente editada en cursivas, recurso al que Cabrera acude de manera repetitiva a lo largo del tomo.
Soldados perdidos tiene un principio promisorio, en dos capítulos titulados "La lánguida querella" y "Dulces chilenos". El primero está fechado en el año 1986, con la excentricidad de que los epígrafes llevan las iniciales a.C., o sea, antes de Cristo. Rodrigo Rojas, el joven narrador, se enamora de Frau Moreno, profesora que ha escrito una novela erótica y aplaude los ímpetus artísticos de su alumno. El tono anuncia una constante que irá en aumento: películas triple X en cines sucios y malolientes, baños apestosos, deyecciones sólidas y líquidas, con especial énfasis en los meados femeninos, lo que podría revelar un interesante erotismo urinario. La maestra sufre un accidente y permanece en estado de coma en la Posta Central, donde es visitada por el estudiante y Herr Silva, quienes la acompañan en sus momentos postreros. Simultáneamente, otro Rodrigo Rojas es quemado vivo por una patrulla militar y este tipo de casualidades marcarán la tónica de la construcción novelesca. En el capítulo segundo, la voz la lleva Elena, quien, en compañía de Rodrigo, Robinson Guajardo y Wladimir Quiroga, jefe del grupo, llega a una casucha al interior de Melipilla, para culminar una rehabilitación por dependencia de drogas. Las únicas habitantes de la localidad son Esther y Gladys, dos ancianas albinas que enseñan a tejer a Elena. Luego aparece Wagner, apuesto oficial que tiene acceso a la residencia de Pinochet en Bucalemu y de quien se enamora Quiroga. En adelante, Rodrigo se llamará Juan Perro y así lo conoceremos en las sucesivas mutaciones que experimentará.
"Un astronauta y una bruja" lo muestra instalado como ladrón profesional en Buenos Aires, donde Rubén Gazzera lo empuja a operaciones de robo cada vez más osadas. Antes de regresar a Chile, sustrae el portafolio del cliente de una pizzería, se topa con una crónica inédita, la retoca y la envía a un certamen de una revista pornográfica colombiana. "Malas películas gringas" expone el reencuentro entre Robinson Guajardo y Juan Perro en Nueva York, donde los hurtos a gran escala se llaman escenificaciones. Juan se ha casado con la corpulenta dominicana Patricia, que vuelve loco a Robinson cada vez que la oye ir al baño.
A pesar de la variedad de situaciones y de la extensa galería de actores, muchos incidentes de Soldados... parecen intercambiables y el clima general es un tanto lánguido. Cabrera puede escribir bien y a ratos consigue enganchar, pero en este primer título le sobran páginas y le falta cohesión.
La obra liga a personajes y hechos en forma tenue, en ocasiones tan tenues que al lector le cuesta saber cuándo y cómo se conocieron Fulano o Mengano o cuáles son los frágiles vínculos que los ligan.
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Posteado por: ingrid maria victoria lara leon 12/02/2012 21:19 [ N° 1 ] |
No me parece raro que a este escritor le falte consistencia en su obra: es un autor de libretos televisivos, se acostumbran a escribir como para la tv. Es un libro sin peso literario. Con lo expresado por Camilo Marks: le sobran paginas y le falta cohesion, no hay nada mas que decir. Ingrid. |
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Posteado por: ingrid maria victoria lara leon 13/02/2012 09:26 [ N° 2 ] |
ayer coloque unas notas en el blog de Juan Perro, donde finalizo diciendo que con lo dicho por el critico Camilo Marks sobre la obra no haay nada mas que decir. |
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Posteado por: marcelo lopez garcia 14/02/2012 02:05 [ N° 3 ] |
ingrid [ N° 2 ]:jajajjajja,y |
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