Por Mauricio Purto
Dice la psicología budista que Dios se manifiesta como amor, verdad y conciencia... Por lo que en las montañas es muy fácil encontrar a Dios. Doy fe.
Y también de la fuerza de la belleza, que me ha hecho escalar o intentar escalar las montañas que me flecharon. Esto les ha pasado a casi todos, incluyéndome, cuando nos hemos topado con el cerro Morado, en el patio de casa, o el vecino Alpamayo, en la cordillera Blanca del Perú, o el famoso Cervino, llamado Matterhorn, limítrofe entre Suiza y Austria, la montaña de las cajas de chocolate, o el Ama Dablam, la belleza hecha montaña, en Nepal, sobre el monasterio budista de Tengpoche, montañas todas cuya visión detiene el tiempo.
En Tengpoche, el Lama me dijo: "Dios como belleza", para decir lo que sentimos ante nuestro encuentro estético con el reino de las cumbres. Este factor, la belleza, es gravitante y pocas veces se pone conscientemente en la balanza. Porque más allá de la belleza, hablamos del desafío, la dificultad, la altura o el frío, todo lo cual es traducido por los no montañistas como una expresión heroica, de esfuerzo, de riesgo, con ingredientes de puro sadomasoquismo, viéndonos a veces como kamikazes. Puede ser.
Don Juan dice que la muerte es una muy buena consejera. Porque nos da perspectiva, y desde ahí nuestros actos dejan de ser los de un hombre tímido. Porque no hay tiempo para eso, porque la timidez te agarra de algo que existe sólo en tus pensamientos. Te apacigua. Te impide examinar y aprovechar nuestra suerte como hombres que podemos subir montañas, y apreciar su belleza, su magnetismo, acudiendo a su llamado, más allá de cualquier resquemor.
Es esa atracción, ese enamoramiento, la génesis del camino de las cumbres, donde el guerrero parte a una búsqueda inexplicable, a conquistar lo inútil, rindiendo luego su dureza al corazón. Porque hay que ser capaces de hacer crecer rosas en los hielos del Everest: para el hombre que escala la más alta de las cumbres, la acción es el camino, mas cuando ha alcanzado las alturas de la unidad, el acto se desprende de él y el camino es la serenidad... Una paz que se conquista tras una larga lucha. Una paz tan grande como las montañas... Montañas de amor.
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Posteado por: Raúl A. Núñez Valenzuela 16/02/2008 12:50 [ N° 1 ] |
Excelente columna Sr. Purto. |
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Posteado por: viviana aguero gaete 25/08/2008 17:30 [ N° 2 ] |
Al Dios de las montañas... |
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