Paul Gascoigne llevaba ya varios días alojado en el Millennium Hotel de Knightsbridge, un cuatro estrellas de Londres. La noche del domingo, tomó el teléfono y ordenó servicio a la habitación. Pidió un trozo de carne, pero ante la demora cambió la orden: ahora sólo quería el cuchillo.
Según el personal del recinto, el ex jugador, de 40 años, sonaba totalmente fuera de sus casillas y su petición no daba para interpretarla como una mala broma: el hombre sufre depresión bipolar, bulimia, trastorno obsesivo compulsivo y padece confesos problemas con el alcohol. Además, en los últimos días su comportamiento había rozado el absurdo: el fin de semana fue a una peluquería para pedir que le tiñeran el pelo rojo. El estilista tuvo que ayudarlo a cruzar la calle, ya terminado el trabajo: no podía sostenerse solo. Horas después se rapó al cero.
La administración del hotel decidió llamar a la policía: Scotland Yard llegó a la habitación y se encontró con Gascoigne descompuesto y amenazando con matarse. Tras un tenso diálogo, aceptó que los oficiales lo sacaran de lugar para internarlo en un centro hospitalario. Sigue ahí.
Londres se amaneció con la historia en las portadas de los diarios. Los británicos llevan meses viendo el derrumbe del ex seleccionado.
Hace menos de tres meses -en febrero- Gascoigne ya había sido ridiculizado en un incidente aún más extraño. Esa vez se recuperaba de una operación a la cadera en el Malmaison Hotel de Newcastle, cuando decidió bajar al lobby con tres cacatúas de plástico y obligó a los huéspedes a besar a él y a las aves de juguete. Había pedido, además, grandes porciones de hígado crudo a su habitación, que se comía con un día de desfase, porque, según él, eran buenas para la sangre.
Terminó internado en una clínica psiquiátrica, de la que salió a las dos semanas, supuestamente recuperado. Ahora, la incertidumbre respecto de su futuro es cada vez más grande, sobre todo teniendo en cuenta su historial clínico y judicial: desde que dejó el primer mundo futbolístico ha sido arrestado por golpear fotógrafos, se divorció tras una disputa que terminó con un ojo morado de la mujer, fue internado en una clínica de rehabilitación de alcoholismo y el año pasado ya tuvo que operarse de emergencia de una úlcera estomacal que lo ha torturado hace años.
La prensa inglesa compara su desplome con el de George Best. El ex crack de Manchester United fue un alcohólico sin redención y falleció en 2005, a los 59 años, tras complicaciones con su trasplante de hígado. Días antes de partir fue fotografiado con una pancarta que decía "no mueran como yo".
Un ídolo, pero fugaz
La "Gazzamanía" se desató en 1990. El volante fue el alma del equipo que remató cuarto en el Mundial de Italia.
Sus mejores años fueron justo después de la cita planetaria, cuando dejó plantado a Manchester y a Alex Ferguson para fichar en Tottenham Hotspur.
Una lesión de ligamentos en 1992, cuando ya había acordado su fichaje en Lazio, fue el comienzo del fin para él. A esa altura ya bebía y no tuvo impacto en Italia. Pasó a Glasgow Rangers en 1995, pero no volvió a recuperar el brillo. Se retiró en 2004.
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