Mauricio Purto
Sábado 02 de Agosto de 2008
Consejos vascos

Mauricio Purto.jpg Conocí a la montañista vasca Edurne Pasabán en el campo base del Everest en 2001. La mujer "ibérica", como le dije, jugando a no incomodarla con lo de española, impresionaba por su presencia. Alta, fornida, pero conservando su feminidad, Edurne sería pronto la mujer con más ascensos a cumbres de ocho mil metros, sucediendo a la legendaria polaca Wanda Rutkiewicsz.

Extraña coincidencia esta de conocerla a los pies del Everest, cuando mis compatriotas Cristina Prieto, Andrea Muñoz, Vivianne Cuq y Patricia Soto intentaban subirse a la más alta de las montañas, y Purto zozobraba dirigiendo (y avalando) esta expedición que al alero del Club Alpino Italiano sería a la postre la primera de este continente con una, dos y tres mujeres en la cima del mundo.

En esa zozobra de contubernios cotidianos, Edurne fue buena oreja y buen consejo. Un alivio cuando daba yo todo por perdido. Mira, tío, las colegas están en un trance, a flor de piel, trágate toda la porquería y apóyalas siempre. Haz una lista de sus reproches y ya, internalízala, y nada, tío, no reacciones. Tienen un tremendo peso..., me dijo. Un consejo de género que sacó canas en la barba a un emotivo, activo y primario como yo. Tenía la escuela de mis dos hermanas, también intensas, lo que me sirvió recordando la historieta del canario que molesta al perrote que duerme, levantándole el párpado, las orejas, tirándole la cola..., y nada.

Viendo y conviviendo con estas mujeres de fuego, y en mi práctica médica, aprendí algo de lo masculino y lo femenino, hoy, que los hombres están empezando a ver su lado femenino y las mujeres revelan su lado masculino. Aprendí que lo femenino es perseverante, meticuloso, paciente, como para amamantar a un bebé, que es un principio más tolerante al dolor. Que frente al peligro o la presión se desconchinfla. Y que lo masculino es rudeza, locura, como para enfrentar al mamut o al tigre dientes de sable, que ese llamado cromosoma, y nos deja generalmente al borde del precipicio. Eso sirve mucho en las montañas.

Eso le contaba a Pasabán, que reía a sus anchas. Edurne bebía lentamente el té. Sus brazos musculosos realzaban el gesto. El cabello negro caía sobre su espalda fuerte, atlética, pero lucía sus facciones y conservaba sus curvas de mujer. Una Tomrider de la vida real. Esa noche vimos salir el sol. Mientras seguíamos por radio los pormenores de las chilenas, nuestras compatriotas que llegaban por primera vez a la cumbre del Everest. Lo hicimos, lo hicimos, las primeras chilenas..., decía la voz emocionada de Patricia Soto, que encaramada a los 8.848 metros tomaba el hito y destruía el mito.

Y al lado, a los pies de la montaña, compartiendo los suspiros y la fortuna, Edurne Pasabán agregaba: La competencia puede ser fatal, pero puede llevarte a la cumbre. Este sí que es deporte, tío. Y debería ser olímpico.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
David Felix Jacob Ambler
04/08/2008 14:06
[ N° 1 ]

Respetado Mauricio:
Soy un viejo montañista de provincia y te pediré un favor:
Los dos sabemos la fuerza interior que tiene una mujer ante la adversidad pero no las sigas alabando, mira que como van las cosas en poco tiempo mas no nos dejaran subirnos......ni siquiera a un cerro.

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