
Dr. Mauricio Purto
Muchos, si no la mayoría de los deportistas, tienen un rendimiento extraordinario en las sesiones de entrenamiento, pero en el momento de la competencia no repiten el desempeño esperado por su entrenador y sus compañeros...
La causa de este fenómeno radica sin duda en la diferencia fundamental que existe, en el plano psicológico, entre las dos situaciones de la actividad deportiva: el entrenamiento y la competencia. En el primero predominan los esfuerzos de orden físico; en la segunda, la exigencia mayor se da a nivel psíquico.
La mayoría de los atletas se atiende muy bien en todo lo que atañe a su preparación física, pero debe ocurrir lo mismo en el área del apoyo psicológico, porque es bastante probable que algunos de ellos vean roto su equilibrio emocional en ocasión de una competencia. Y con esto me refiero a un entrenamiento psicológico específico.
La merma de rendimiento en competencia por miedo o ansiedad incide en desconcentración y en una "desautomatización" de los movimientos, con un aumento o una disminución del nivel de activación, reacción y tono neuromuscular del competidor, bajo la influencia de una tensión que lo supera.
El control voluntario del movimiento puede ser considerado como uno de los principales factores del rendimiento que, especialmente en el momento de la competencia, está determinado por el dominio de las acciones mecánicas, influenciadas por estímulos internos conectados a esas acciones... Estados emocionales de miedo, pena, ansiedad, excitación, tensión, o dolor, o factores ambientales que producen dolor y fatiga. El esfuerzo, principalmente durante la actividad competitiva, altera el estado emocional del atleta, originándose modificaciones fisiológicas.
Analicemos una tentativa de récord. Esta circunstancia está precedida por una serie de reacciones emocionales que, obviamente, van acompañadas por fenómenos fisiológicos medibles. Hay una reacción de estrés con aumento de la adrenalina circulante: el corazón late más rápido, respiramos jadeando o suspirando a menudo, se dilatan las pupilas, se paran los pelos o tenemos piel de gallina, aumenta el tono muscular, y la cantidad de sangre que llega al cerebro y los músculos, y nuestro intestino y vejiga tienden a vaciarse. Lo mismo que le pasa a un felino frente a su presa y viceversa. Esta reacción también se llama reacción de alerta, y puede desbordarnos hasta el miedo, hasta tener piernas de lana y bloquearnos.
El camino entre quedar inertes y usar esta reacción de estrés como fuerza inconmensurable a nuestro favor es el largo derrotero de aprender a competir. Superando el gran miedo a perder, a ganar o a quedar expuesto a los ojos de los demás. Pero hay quienes nacen con eso que llaman "el ojo del tigre". Y hay quienes aprenden a entrar a su guarida y dominarlo.
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