El año era 1986. El hito, escalar todos los gigantes del Himalaya, aquellas catorce montañas que superan los ocho mil metros de altitud... El hombre, Reinhold Messner. Treinta y seis años antes, subirse a una de esas cumbres era imposible. Los franceses dijeron lo contrario en 1950. En realidad no dijeron nada: subieron los 8.070 metros del Annapurna. Luego, y en menos de dos décadas desde la gesta de los galos, todas estas vírgenes cimas recibieron la visita de los aventureros de grandes alturas.
Varios escaladores entraron a esta suerte de coleccionar "ochomiles", como llamamos en la jerga a estas enormes moles de roca, hielo y espíritu. Algunos con la ambición de la colección per se, otros, sobre todo los pioneros, como resultado azaroso de su pasión.
En 1970 había sólo un escalador viviente con dos ochomiles, el austríaco Kurt Diemberger. El alemán Hermann Buhl, el primer hombre con este récord, se había precipitado, en compañía del mismo Diemberger, en la arista fatal -para él- del Chogolisa. Era la década del cincuenta, época de las escaladas pioneras a los gigantes del Himalaya, grandes mitos, incluido el Everest.
Entonces, el italiano Messner salió a escena, y en 16 años logró su cometido de encaramarse a la cima peligrosa y extenuante de todos, un cometido donde siempre estuvo a la delantera, desde que escaló su tercer "ochomil" en 1975, el Gasherbrum I, tras sus valerosos cometidos en el Nanga Parbat y el Manaslu.
Poco después de su logro, Messner pasó por Chile, a fines de 1986. Visitaba el país rumbo al monte Vinson, en la Antártica, mientras por nuestro lado partíamos con mis compañeros del Club Alpino Italiano al Cho Oyu...
Entonces nos reunimos, todos del Club Alpino, incluido Messner, quien nos dio quizás la receta: "Yo no subí los catorce ochomiles, los sobreviví, y para sobrevivir subiendo hay que acechar a la montaña y a uno mismo todo el tiempo. En esto lo más importante es no enfermar, no sentirse enfermo del mal de alturas. Y hay que estar siempre fuerte. En un ochomil sentirse débil y seguir es insanidad...". "Cómo tú en el Kanchenjunga", acoté, y la risotada fue general...
Messner subrayaba algo que como médico y novel montañista empezaba a intuir: que la aclimatación y la restauración eran las claves... Entonces los montañistas me decían médico, y los médicos, montañista, una combinación que fue fundamental...
En 1992 sólo dos escaladores latinoamericanos habían escalado cuatro "ochomiles", el mexicano Carlos Carsolio y yo. Carsolio había trepado a la luz del famoso y tozudo Jerzy Kukuczka, montanero polaco de excepción, y segundo hombre tras Messner en completar la colección de los catorce ochomiles. Kukuczka remató su serie con el Xixabangma, de 8.046 metros, también el último "ochomil" en ceder su cima a las ambiciones del primer ascenso de una partida chino-tibetana a comienzos de los sesenta.
Mis cuatro ochomiles los había escalado al alero del Club Alpino Italiano, desde Chile, con el empuje de Giorgio Cattoni, Alejandro Izquierdo e Ítalo Valle. Con ellos pude probar la receta de Messner... Pero a estas alturas sé que no se trata de recetas. Todo está dicho... Escuchar, entender y ponerse en acción, en fin, ir más allá, es la prueba. De muy pocos.
"Messner subrayaba algo que como médico y montañista empezaba a intuir: que la aclimatación y la restauración eran las claves".
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Posteado por: pablo besser besser 01/02/2009 03:00 [ N° 1 ] |
fe de errata. donde dice 4, lease 3 ochomiles. |
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Posteado por: Abel Shopp Helo 01/02/2009 09:46 [ N° 2 ] |
"...enormes moles de roca, hielo y espíritu...". ¿Cuando una montaña ha tenido espiritu? Muy poco serio |
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Posteado por: vasco garcia solar 03/02/2009 11:20 [ N° 3 ] |
Mauricio, parece que provocas ciertas sensaciones en los montañeros....te revisan con lupa. ¿Era necesario eso, Pablo ? saludos |
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