
Las grandes altitudes amenazan la vida humana especialmente por la falta de oxígeno de que disponemos en el aire y que se refleja en una baja de su tensión o concentración en la sangre, una situación que conocemos como hipoxia.
La hipoxia sostenida en el tiempo es responsable de los síntomas del Mal de Alturas, una enfermedad conocida también como puna o soroche, que provoca síntomas como dolor de cabeza, abulia, anorexia, cansancio e insomnio, entre otros, y de la muerte anunciada o súbita de montañistas que sucumben a dos enfermedades mortales: el edema cerebral y el edema pulmonar.
Sobre los 3.000 metros de altitud somos vulnerables a la hipoxia, y relacionarse con ella requiere cierta educación más allá del estado físico. Para saber aclimatarse, el pasaporte y la mejor profilaxis es aprender a convivir y vivir carentes de oxígeno.
En los montañistas, la autoscopia, el saber escuchar su cuerpo cuando está listo o no, es fundamental. Y en los guías de montaña, aprender a detectar en sus clientes los síntomas de un edema pulmonar o cerebral, incluso los más sutiles, es parte o debe ser parte de su bagaje.
El peor enemigo de un hombre que escala grandes montañas es la impaciencia en el proceso de aclimatación, y la velocidad de aclimatación no es igual en todos los individuos. Es una cualidad biológica que se distribuye entre aquellos rápidos para aclimatarse, otros normales y otros lentos para desarrollar mecanismos sutiles que nos permiten compensar la falta de oxígeno.
Si tomamos a alguien de una oficina de Santiago y lo depositamos a una altitud de seis mil metros súbitamente, la falta de oxígeno o hipoxia dada por el enrarecimiento del aire -y que allí tendrá un treinta a cuarenta por ciento de la concentración habitual de ese gas que ese ser está habituado a respirar- se manifestará rápidamente en cambios de conciencia, y una serie de eventos respiratorios y circulatorios que conducen a la muerte.
Sin embargo, a esa misma altitud un escalador apenas estará llegando al primer campamento del Everest, cargando alrededor de quince kilos, y jugando al equilibrista entre laberintos de hielo.
Lo que hace el cambio entre los dos hombres viene dado por la aclimatación. Si bien es cierto nuestra biología no está diseñada para vivir en grandes altitudes (las poblaciones más altas se hallan entre los cuatro y cinco mil metros en el altiplano chileno-boliviano y el Tíbet), ella nos dota de una serie de mecanismos que, a la postre, le permiten al organismo convivir con la altitud. Y sobrevivir subiendo a las alturas.
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Posteado por: Victor Sepulveda Herrera 16/02/2009 16:20 [ N° 1 ] |
Estimado Mauricio; Cuantas enfermedades y taras mentales se curan con el montañismo, la vida al aire libre, ser ecológico, ser autentico. Ojala hagamos algo y si alguien mas se interesa por el tema.. ya somos mas. |
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Posteado por: alexander nicolas grigoriew schoferistow 27/02/2009 21:01 [ N° 2 ] |
Estimado maestro:ya en el año 1994 nos diste una charla a un grupo de enduristas en moto, los cuales ibamos por primera vez a una competencia de 6 dias fuera de chile con esfuerzos diarios de 8 a10 horas ,la cual fue muy provechosa para todos ,ahora te escribo para pedirte ayuda en cuanto a aclimatacion ,para un campeonato panamericano de descenso en bicicleta el cual se va a realizar entre el 18 y 22 de marzo en la parva a una altura entre 3500 y2900 mts.segun tu articulo todos los individuos son diferentes,pero a lineas generales sirve entrenar a esa altura o aun superior? a que altura? ¿sirve dormir en farellones a 2500mts o es muy poco? cuantos dias antes? cualquier ayuda muy agradecido.mail:alexandergri@yahoo.com |
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