
Leonardo Salazar
Tras un breve paso por Punta Arenas, viajamos al Cabo Froward, donde culmina el continente americano. Arriba del “Orca Waia” llegaremos al final de toda la ruta, mirando el término de la travesía.
Todo sigue siendo repentino y cuenta con una sana improvisación ¡Es la carrera de aventuras más excitante del mundo! Mientras escribo, nos bamboleamos como salmones en las redes, de un lado para otro, metidos en los mares más australes.
Cuando todas las experiencias se archivan en la parte bella de la memoria, es difícil no recordar a las personas. Aparte de la carrera y la competencia, cada magallánico que habita en algún rincón de la Patagonia, vive todos los días aventuras tan salvajes como ésta.
Los norteños son increíbles y la gente del campo y la ciudad de la zona central de Chile entrega un cariño conmovedor. Pero esa mirada de los magallánicos, sobretodo los que viven en cerros casi inhóspitos, es emocionante.
Sé que la mirada de Tránsito Muñoz tiene solo pureza. El tipo se enoja, mató a un puma con sus manos, debe tener su genio. No es un ángel. Pero sí apunta al lado bueno, sí ve al otro y lo primero que piensa es en solidaridad. Uno no podría negar que Fredy Corona no escatima en atenciones cuando ve a cualquier extraño. “Es lo que uno debe hacer no más”, dice.
El Patagonia Expedition Race muestra eso. Cada uno de los fotógrafos y periodistas extranjeros no pueden sustraerse, como uno, del entorno natural y humano Rob Howard de Inglaterra me repite a cada instante: “It’s Amazing”.
Los equipos de Easy Implant y Helly Hansen descansan luego de haber culminado con éxito la prueba. Canadienses y estadounidenses luchan por destacar también y la mayoría los espera en Punta Arenas, luego de verse acorralados a abandonar.
Aún queda deporte: todavía nos espera el relato final del trekking, pero llegando a la Cruz de los Mares del Fin del Mundo, no me pidan que detalle sólo asuntos de la competición.
Un tripulante de “Orca Waia” me cuenta que se fue a estudiar a Viña del Mar, pero apenas puede regresa a Punta Arenas. “Esto es maravilloso. Si tú vuelves nos llamas no más, para que vayamos a conocer otras islas y fiordos. Es increíble, nosotros con mi papá siempre lo hacemos”, revela Arturo de 28 años.
La barcaza sigue bailando en el mar y unas toninas nos acompañan alrededor. El cielo está despejado a más no poder y al fondo se ven unos montes con un verde intenso y propio, inimitable en alguna cartulina. Lo mejor de acá son los colores. Y la gente. Mucha inmensidad.
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Posteado por: carlos mauricio brouwers le fort 19/02/2009 00:48 [ N° 1 ] |
los que alguna etapa de nuestras vidas las pasamos en Magallanes sabemos que el frío austral y el sacrificio de estar tan lejos se sienten, pero mirando 15 años para atrás quedan recuerdos maravillosos de esa tierra salvaje y bella, por desgracia tan olvidada por el centralismo perverso que sigue ahogando a Chile |
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