
Profetas, santos, pontífices, filósofos y místicos atestiguan lo que hombres de menos altura hemos recibido en las montañas... Un toque de Dios.
Pero hay montañas y montañas. Y hubo un tiempo en que recorrí las montañas de Cristo.
Isaías, por ejemplo, profetizó a Jesús en las montañas de Canaán, las mismas montañas que recorrió Jesús; las montañas donde se le reveló Dios y se refugian los hombres... Una iniciación que llevó a Jesús a meditar solo, en ayunas, 40 días y 40 noches por el desierto, y donde puso a prueba su fe, que trascendió el hambre y la sed, el dolor del cuerpo y de la mente, la soledad del hombre enfrentado a su naturaleza y la naturaleza en las montañas...
En el monte de la Tentación, el lugar descrito en la Biblia donde Jesús flaqueó en sus fuerzas y donde fue tentado por el lado oscuro... Una montaña de roca suelta, poco confiable, como la voz que intentaba seducirlo en su zozobra de cuerpo y alma.
Israel... Palestina... es un territorio pequeño, más pequeño que Bélgica o la región de Atacama en Chile. Un lugar que le permitió rápidos traslados entre un escenario y otro... siempre agobiado por el calor del desierto. Cerca de Tiberias, en el monte Tabor, relatan que Jesús se transfiguró, dicen que perdió su forma humana...
Sobre el mar de Galilea, Jesús congregó a sus discípulos y realizó muchos milagros... Aquí se levanta el monte de las beatitudes. Pequeñas peñas que son una invitación a conectarse con el cuerpo... Encaramándonos por sólidas rocas, disfrutamos el ascenso, intentando coronar otro lugar bíblico. Jesús reunió en esta colina a una multitud y le predicó. Palabras de Dios inscritas en el Nuevo Testamento, en el Evangelio, conocidas como El Sermón de la Montaña...
Más allá de las montañas y sus revelaciones, Jesús regresó a Jerusalén para completar la profecía... Para ser crucificado también en la cumbre de una montaña: el monte Gólgota, en las afueras de Jerusalem, tras ser apresado en el monte de los Olivos, donde Jesús dio su último discurso antes de enfilar a su destino y morir en la cruz, en la cumbre de la montaña...
Jesús caminó por las montañas, predicó en las montañas, recibió a Dios en las montañas... ¿Qué tienen las montañas? ¿Qué pasa en las montañas? Quizás la elevación vertical va de la mano con la elevación espiritual. Quizás las montañas nos alejan del mundanal ruido y nos permiten conectarnos con el alma en su silencio y en su belleza. Como mirar el cielo estrellado o ese cielo azul intenso recortado por montañas de roca y hielo, salidas de la mano azarosa de un gran arquitecto... Un arquitecto que dejó templos naturales a los hombres para purificarse y valorar más nuestro paso por la Tierra.
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Posteado por: Ricardo Budinich Diez 11/04/2009 20:00 [ N° 1 ] |
Purto San, buena columna, pensamientos que van por el filo cumbrero, a sacar lo mejor de cada uno. Jesús en esto dio clases de montaña a domicilio a todos los que le respetan. Cuál es entonces la montaña de cada uno ?, esa interior, la que nos lleva a elevarnos a buscar lo mejor de cada uno ?. Estemos a 700 mts o 7000 mts nos dan refugio y la oportunidad de discernir. No es casualidad que los Dioses vivan en las alturas y no en las fosas abisales. Las cumbres permiten señalar la meta, el camino, el ejemplo, nos dicen que no hay esfuerzo medible, solo nosotros frente al "oku no hoso michi" de Matsuo Basho. Pero de nada sirve contemplarlas, hay que ir por ellas, hay que ir tras la búsqueda esencial. Sea el ama dablam o tata maico lican, todas sirven. Para qué ? simplemente porque están allí y nos recuerdan que tenemos tarea pendiente. Algunos se ponen de pie y caminan, otros todavía dudan. Hai ! Benedictae, Namaste |
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