El límite de la cumbre más alta, por la pared más escarpada, en el menor tiempo posible, en solitario y en invierno, es una realidad.
Cuando en 1992 el esloveno Tomo Cesen pulveriza lo posible con el ascenso de la pared sur del Lhotse, el montañismo experimenta un salto cuántico que se vislumbraba desde las primeras paredes resueltas en el Himalaya, a comienzos de los 70.
Desde entonces, el montañismo himaláyico comienza a dejar de ser un asunto minoritario, transformando las altas cumbres del planeta en un bastión asediado. Por eso, no es de extrañar que en estos primeros años del siglo XXI, las grandes rutas dibujadas en las cumbres del globo sean algo cotidiano que nos va restando capacidad de asombro.
Ha concluido una época. El alpinismo de las grandes epopeyas, sin "límites'', parece estar acabado. 10 de mayo de 1993: cuarenta personas de diversas naciones alcanzan la cima del Everest, más que todo el número de "conquistadores" entre 1953 y 1970. La pequeña plataforma de cumbre, uno de los lugares más apartados e inaccesibles del planeta, es al mismo tiempo uno de los más congregados.
El telón ha caído: el alpinismo heroico, epopéyico, explota como una estrella dejando el caos. Las montañas para el montañismo, valga la redundancia, dejan de ser un misterio. Los alpinistas, caballeros de lo imposible, son ahora una horda quizás sin norte, no una mesa redonda de doce highlanders. ¿Qué interés pueden suscitar los nuevos "hombres sin límite", que suben una ruta nueva a algunos metros de la precedente? Las fotografías de cimas ya no ocupan las primeras planas de los diarios europeos o estadounidenses. Y la gente se asombra cada vez menos. Sobre todo en países donde hay cultura de montaña, como en Italia.
En esos lares, los caballeros de lo imposible parecen una fotocopia de sus predecesores. Cómo no, si la última cima de la gran epopeya del montañismo moderno ha sido ya escalada. Lo que viene es la masificación del excursionismo y de la escalada libre. Para los montañeros queda el reto de las cumbres vírgenes.
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Posteado por: Cristian Andrés 29/08/2009 13:00 [ N° 1 ] |
No entiendo cual es la idea. Desde hace un tiempo que sigo tus columnas y siempre he notado una especie de autoproclamación destinada a darnos a entender de que las montañas solo pueden ser escaladas por ciertas personas que reunen ciertos requisitos especiales y que entonces los hacen merecedores del título de montañistas. Las montañas, son de todos nosotros, en consecuencia, quien quiera escalarlas lo puede hacer. Si es en una expedición comercial, si es en solitario, si es en estilo alpino, si es con o sin oxígeno es un tema aparte. Bien por todos quienes concurren a las montañas y deciden de una u otra forma subirlas. Bien por Luksic, bien por los Ibañez (quienes seguramente no son bien mirados por los autoproclamados montañistas), bien por ti, y bien también por tus enemigos mediáticos, bien por Galvez, Olivares, Jordan, Lucero etc..., y por todos quienes van los fines de semana a cualqier cerro y lo suben. Todos ellos son montañistas y ojalá que cada vez sean mas para que así se masifique esta actividad tan hermosa. Te insisto, lo cerros son de TODOS. |
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Posteado por: maria lucila hofmann sanchez 30/08/2009 19:17 [ N° 2 ] |
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Posteado por: maria lucila hofmann sanchez 06/09/2009 18:01 [ N° 3 ] |
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