"Llegué a la casa de los Puquios, al río de los Horcones, y al mentado Paramillo, donde los hombres lloran" (Canción de arriería, siglo XIX).
Casi siempre el arriero fue considerado un personaje de masa, sin fisonomía definida. Sin embargo, hacia fines del siglo pasado comenzaron a darse a conocer algunos nombres, incompletos a veces, pero facilitando la tarea de hacer un repaso breve de las realizaciones de tan anónimo personaje.
Las realizaciones que nos incumben deben ser las puramente montañísticas, aquellas empresas en las que el arriero se excedió de su función para participar activamente en una ascensión. Tales ocasiones fueron contadísimas, y cuando se dieron fue porque el arriero fue tentado por una paga adicional o conducido por otras motivaciones.
Recordemos que sus obligaciones se limitan a mostrar el camino (baqueano) y al arreo de animales que transportan a andinistas y su carga a un lugar determinado (arriero).
Sin embargo, hubo uno que no se limitó a mostrar el camino a los contratantes, sino que lo siguió más allá. ¿Por qué? ¿Más dinero? ¿Gloria? ¿Espíritu deportivo? ¿Lealtad? ¿Curiosidad?
Así se forjó el primer andinista chileno, un arriero desconocido que ascendió con Eduardo Poeppig a la cumbre del volcán Antuco en los albores del siglo XIX. Estamos en el rincón suroccidental de la laguna del Laja, donde el volcán Antuco eleva sus faldas desde el margen de las aguas, cristalino espejo del alto andino y nacimiento del río Laja que luego contemplamos en los famosos saltos, subrayando el esplendor de estas serranías.
Poeppig era un naturalista alemán que amaba las montañas, pero en el Antuco fue más allá de lo contemplativo y quiso subirlo. El historiador Evelio Echeverría narra que Poeppig subió con un arriero, y que "de este primer andinista chileno no tenemos nombre. El sino y el récord recaen en un desconocido que ascendió por primera vez a la cumbre del Antuco el 19 de febrero de 1829, junto al naturalista teutón".
"La pequeña partida acampó en una saliente que le permitía dominar los senderos cercanos y pasó la noche del 18 de febrero con un sueño sobresaltado por el temor a los indios, los mosquitos, el frío y los nada tranquilizadores ruidos del volcán, activo entonces. En la mañana del 19, el alemán y los dos chilenos partieron a la cumbre sin desayunar. Becerra renunció a mitad de camino, y el segundo campesino, cuyo nombre nunca se dio, tras algunas vacilaciones siguió a su patrón (...) Después de un esfuerzo ininterrumpido de tres horas se alcanzó la elevada meta... Una meta que eleva su nevada cumbre casi 1.700 metros sobre la laguna, a 2.979 metros del altitud".
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Posteado por: jorge jonathan guajardo cerda 20/09/2009 14:36 [ N° 1 ] |
El arriero a sido un andinista muy reconocido por su labor de acender a las cumbres con puro valor y fuerza sin enbargo no es reconocido como tal, yo creo que es un trabajo o un desafio con la naturaleza , por alcanzar la gloria donde muy pocos llegan , por la curiosidad de saber de que hay mas haya de lo permitido , un buen caso es de los arrieros del cajon del maipo donde su esfuerzo y sabiduria para enfrentarce a la montaña con cientos de animales asu cargo , y pasando por senderon muy peligrosos lo hace un muy duro trabajo y a la vez muy confortante espiritu de gloria |
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