
Dr. Mauricio Purto
El tenis es un deporte violento, intenso y lesionante. Por eso, no es rara la aparición de dolencias en el codo, el hombro y la espalda baja. Una de ellas es especialmente frecuente entre los cultores de la raqueta; tanto así, que ha tomado el nombre del deporte para diferenciarse: es la lesión conocida como "codo de tenista".
Dicha afección corresponde a un síndrome; es decir, se trata de un conjunto de síntomas y signos que traducen una dolencia en dicha zona (en el extremo inferior del brazo y en el extremo superior del antebrazo) y cuyo síntoma dominante es el dolor -de secundario a inflamación-, a lo que se agrega impotencia funcional con disminución de las fuerzas y alteración de la capacidad de movimiento que se genera o repercute en dicha zona.
Anatómicamente, hallamos inflamación y daño estructural en los músculos y tendones del antebrazo y sus inserciones en el codo, especialmente en su parte lateral o epicóndilo del hueso húmero. Además de la sobrecarga, las razones de su aparición pueden deberse a una técnica defectuosa. Ocurre en el revés, por ejemplo, cuando el jugador comienza el golpe alto y apurado, con un movimiento de preparación hacia atrás atrasado, con su peso en la pierna de atrás y generando la fuerza sólo en la muñeca y el codo. Aquí es frecuente una irritación del músculo extensor del antebrazo (extensor carpi radialis brevis) en su unión tendinosa al húmero, el hueso del brazo.
Sin duda se trata de una lesión de abuso, donde las estructuras anatómicas humanas son forzadas más allá de su capacidad estructural, porque el tenis es un deporte violento, intenso y lesionante. Desde ya el cultor está desbalanceado porque usa una extremidad superior, un brazo, más que el otro. El codo, el hombro y la espalda baja son asiento frecuente de lesiones. Giros violentos del tronco, saques violentos donde, de no mediar los ligamentos, el codo o el hombro se saldrían de sitio, son algunos de los morbos biomecánicos que en el tenis producen lesiones de abuso.
El tratamiento para sanar y rehabilitarse comienza por suspender la actividad deportiva y enfriar el codo, con reposo, y antiinflamatorios no esteroidales (evitar los pinchazos de cortisona y sus derivados). El frío local se aplica en la fase de comienzo de la inflamación. Luego la fisioterapia conlleva calor local, ultrasonido, electricidad, etc.
Cuando los síntomas y signos han cedido, se agregan ejercicios de elongación y de carga para fortalecer las inserciones de los músculos en el codo. El consejo biomecánico es fundamental, indicándose un afinamiento de la técnica misma del tenis, la base de la lesión, y el uso eventual de una codera que fortalezca exteriormente a las estructuras internas, ayudando a estabilizar el codo.
El otro pilar en el tratamiento de rehabilitación de esta dolencia, y de su profilaxis, es decir, de su prevención, son los ejercicios de fortalecimiento del codo (ver infografía), orientados a soportar los movimientos violentos, verdaderos latigazos, que pueden vulnerar el codo durante el tenis. Se indica robustecer y mejorar la elasticidad de las estructuras anatómicas, que son exigidas en el límite de la lesión. Es este límite el que los ejercicios de fortalecimiento del codo persiguen manejar y aumentar. Como siempre, o casi siempre, depende de usted.
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Posteado por: Rodrigo Cordova Alfaro 02/11/2009 15:42 [ N° 1 ] |
Muy interesante su artículo, doctor. |
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