Un extraño encapuchado ha estado haciendo de las suyas en el cerro Manquehue. Se trata de un paria que amedrenta y asalta a los excursionistas, premunido de un arma de fuego, y a rostro cubierto, despojando a sus víctimas de billeteras, teléfonos celulares, mochilas y otros enseres. Y lo ha estado haciendo esporádicamente todo este año.
Tengo la impresión de que no se trata de un desgraciado cualquiera. Sospecho que este hombre no necesita robar, que más allá del lucro material, hay un goce implícito en su acción... Un lugareño de La Dehesa o Lo Curro, es lo más probable.
Subo regularmente el Manquehue desde que estudiaba Medicina en los ochenta. Y por el sector de La Pirámide acaecían muy a lo lejos asaltos a excursionistas. Pero nunca por Lo Curro.
Hace algunos meses, un día de semana de otoño, con Santiago cubierto de una neblina de esmog y un cielo diáfano sobre nuestras cabezas, llegamos a la cumbre con Aya Hoffmann, cuando sentimos una presencia que bastó para iniciar raudos un descenso inmediato. Nos siguió casi hasta el fin del sendero, cuando insté al fantasma a mostrarse, al encuentro, sin éxito.
Poco después vino una seguidilla de asaltos, que mermaron, hasta repetirse esta semana.
Entonces las autoridades edilicias y policiales explicitaron tomar cartas en el asunto. Cosa que se resumió en vehículos de la alcaldía y de Carabineros recorriendo la Vía Roja y estacionándose al comienzo del sendero. Jamás vi a ningún funcionario en acción, en el cerro. Donde está el tema...
Sin embargo, como dice Confucio, la mierda es el mejor abono, y esta es una buena oportunidad para proponerse y hacer realidad un sueño abandonado: hacer del Manquehue un parque. Y con guardaparques.
El Manquehue es la culminación de una cadena de cerros que al interior de Santiago comienza en el San Cristóbal, pasando por el Carbón, el Manquehue Grande y el Manquehue Chico. Dicho de otra forma, es una extensión natural del Parque Metropolitano, un lugar de solaz y recreación en medio de la urbe, que hay que rescatar de delincuentes y de la depredación de los intereses inmobiliarios.
Es una montaña que virtualmente toda es propiedad privada, en diversas manos. Uno de sus dueños, don José Rabat, pronunció hace tiempo la voluntad de crear un parque, que ha cuidado bien por el sur, por la quebrada de Agua del Palo. Su ejemplo es un estímulo para emprender un proceso de rescate y herencia para las futuras generaciones.
Desde ya, invito a las autoridades, a Carabineros y a policías a aunar esfuerzos para rescatar el Manquehue de este crápula, como debe ser, subiendo la montaña, in situ, no tocando sirenas o moviendo motos. Los invito a subir el Manquehue periódicamente, una excursión a la que no renunciaré jamás, por principios, porque no podemos sucumbir al miedo, a la oscuridad, al odio, a la desconfianza, en fin, al miedo. Somos luz. Y somos más fuertes.
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