
El mundo recuerda a Ernest Shackleton más que al marino chileno Luis Pardo por el rescate del Endurance, la embarcación que el aventurero inglés dirigía en su expedición por los mares del sur. Tras dos años de navegación por 2.800 kilómetros, el barco sucumbió a los témpanos y quedó atrapado en el Mar de Weddell. Corría 1915. Y Schackleton decide una aventura mayor: ¡Cruzar el Mar de Drake en bote!
Se lanzaron en tres botes cuando atisbaron las estériles playas de la isla Elefante. Corría marzo de 1916, y el desolado atolón recibía la visita de 28 exploradores polares que, desesperados, hambrientos y ateridos, quizás veían allí su última morada.
Pero la luz de Schackleton los había salvado otras veces del abismo... Su presencia protectora era su única esperanza. Con el temple de un viejo lobo de mar, el noble inglés ideó un plan. Continuar en la isla era aceptar una muerte lenta. Sin comunicaciones, la espera por un auxilio inesperado era un asidero inerte, tan frágil como el bote con que se dispuso a partir en demanda de la isla Georgia del Sur, un puesto ballenero distante a 1.600 kilómetros.
Schackleton optó por la acción: junto a cinco de sus hombres se lanzó a uno de los océanos más feroces del Tierra; los otros veintidós náufragos intentarían sobrevivir el tiempo que tardarían en regresar con un barco a rescatarlos: dos meses.
Apretujados en la diminuta barcaza, consumidos por el hambre y el frío, apenas tenían fuerzas para navegar.
Los mares del sur hacían gala de su fama. Sin piedad, el vendaval los sacó de curso haciéndolos perder tiempo crítico para sus reservas de agua. A pesar de las penurias del cuerpo, la energía de Shackleton permaneció inclaudicable. Cuando la vida se les iba, avistaron por fin las costas de la Georgia del Sur, mientras un violento huracán los derivaba en colisión a los roqueríos.
Zozobrando entre dos mundos, lograron atracar, pero en la costa opuesta a la que sabían habitada. Shackleton y los suyos habían dado un inmenso paso, pero les aguardaba otro tremendo: cruzar las montañas, una proeza de alpinismo.
Lo hicieron. Y pudieron pedir auxilio. Chile respondió: la Armada destinó al capitán Luis Pardo Villalón, que entró a la Antártica invernal, rescató al resto de la tripulación del Endurance y los dejó en Punta Arenas.
La anécdota recuerda que consultado Pardo por la factibilidad de la misión respondió a su superior un rotundo sí. Solicitado por el mismo mando si respondía por su estimación o por una orden superior, volvió a responder sí. Un sí que intentaremos traducir en el próximo documental de TVN en la serie Cumbres del Mundo.
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Posteado por: Víctor Silva 09/02/2011 09:49 [ N° 1 ] |
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