
Mal de Alturas, mal traducido del título original "Into Thin Air" ("En aire ligero"), ha sido un superventas de montaña. Escrito por Jon Krakauer, un periodista que trabajando para Outside Magazine va a subir el Everest en 1996 como parte de una expedición comercial, el libro relata uno de los mayores desastres himaláyicos que se recuerden.
En 1992, Rob Hall organiza la primera expedición al Everest con clientes no montañistas, metiendo al Everest en el circuito del turismo de aventura. Hasta hoy. Pero el mismo Everest se encargó de demostrar cuatro años más tarde que los guías al suscribir compromisos de altura entran en un territorio ambiguo. Porque no son dueños de su salud, y los clientes tampoco.
Y fue en el Everest, la montaña símbolo, la más alta. La más dura de todas. El 10 de mayo de 1996, un temporal arreció en las alturas, barriendo con toda su fuerza la pirámide somital del gigante. En 24 horas, ocho de 30 escaladores sucumbieron, entre ellos dos guías de excepción: mi amigo neozelandés Rob Hall y su colega estadounidense, el invulnerable Scott Fisher.
Comentándolo con el propio Hall, en Katmandú en 1992, cuando subimos el Everest, y a la luz de varias cervezas, el compromiso de guiar sobre los ocho mil metros es morboso. Porque uno apenas tiene energía para uno mismo. Es más, como médico conocedor en carne propia de la medicina de altura, sé que esa cifra ya es muy alta. Desde los siete mil metros cada uno responde más o menos dependiendo de su salud por uno mismo.¿Cómo ofrecer, entonces, servicios de guía?
Las expediciones guiadas llevan a pensar que la montaña pesa menos, que porque la subió "Juan Pérez" o fulanito, está "domesticada". Que con pagar 50 mil dólares... que con los sherpas... que con oxígeno...
Patrañas. La naturaleza de las montañas es indómita. Meros mortales no tenemos ninguna chance frente a sus fuerzas. Externalizar las soluciones de una subida al Everest es una utopía. En realidad, buscar soluciones afuera es un rasgo dominante de nuestra cultura "posmoderna": la salud la encuentro en la farmacia y en el médico; no me la gano yo con buenos hábitos de vida. Esto último implica disciplina. Cuesta más.
El Everest lo sube uno mismo. No lo sube el sherpa del lado, ni el guía, ni nadie. A esas alturas, la salud es crítica para todos. Y la energía casi siempre sólo basta para uno mismo. Es una utopía y una estupidez creer que allí dependeremos de algún guía.
Pero los viajes "guiados" se suceden. La moda crece, y los legos se la creen. Las compañías de turismo de aventura amasan cifras millonarias para "llevarlo al Techo del Mundo". La amenaza está latente, "Mal de Alturas" es el paradigma de lo que puede suceder, cuando de repente la montaña nos ubica a todos en su dimensión. Lo que pasó ese día es una terrible lección.
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Posteado por: Fernando Ortiz 29/01/2011 16:17 [ N° 1 ] |
El Everest es la montana más alta, pero decir que es la más dura contradice lo que la experiencia de los expertos dice, el K2 o Nanga Parbat son para el ambiente conocidas por ser mucho más difíciles que el Everest. |
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Posteado por: Fernando Ortiz 29/01/2011 16:34 [ N° 2 ] |
Para no despertar suspicacias,me gusta leer siempre lo que usted escribe, pero en éste artículo tengo que discentir con varios de sus postulados. |
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Posteado por: Víctor Silva 08/02/2011 17:19 [ N° 3 ] |
Ojalá no se marketee tanto el Everest, capaz que la naturaleza se enoje aún más. |
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