
En eso estamos: esperando la ola.
No queremos nada distinto a un gran rizo de mar que se levanta en el horizonte y se convierte en una onda majestuosa y terrible.
Una ola específica y precisa, nada de tsunamis ni tragedias similares, sólo una gran ola que ingrese por los pasillos, oficinas, baños, salas de reuniones y hasta por las escaleras de la ANFP, para que entre, limpie y salga.
Estamos esperando una ola en serio y seria, que recorra los escondrijos, vacíe las gavetas, descubra los palos blancos, despeje los escritorios y ordene las cuentas, contratos, cheques, giros y transferencias.
Una ola con blanqueador y enzimas lipoactivas, que trapee las paredes y los puntos negros, las alfombras, baldosas y poros.
Una ola que lave a mano y a máquina a la ANFP, porque harta falta le hace; que llegue con detergente biodegradable, para que sea higiénica, ambientalista y espumosa, y para que deje a los dirigentes como lo que eran cuando llegaron al mundo, en ese entonces lejano Chile: niños sanitos y desnudos con olor a limón, hipoglós y polvo talco.
Una gran ola que sea analizada y explicada al alimón por el geógrafo Marcelo Lagos y por el comentarista y entrenador Horacio de la Peña, que en el fondo son idénticos, muy buenos para la palabra, expertos en el conocimiento y con una longitud de onda similar.
Una ola, de eso se trata, de nada menos.
No queremos paliativos, sinónimos raros, y no nos convencen esos fenómenos imperceptibles, sucedáneos y engañosos que se miden en decenas de centímetros o en centenas de milímetros.
Pedimos una masa de agua visible y sincera que friegue y refriegue lo que hay de sucio, porque existen manchas por doquier, hay malas costumbres pegadas como chicle, los prácticas cochinas están impregnadas en los techos y avanzan esos bichos menores que reinan entre la basura: chinches acorazados, baratas permanentes, piojos resucitados, pulgas saltarinas y pulgones traviesos.
Queremos una ola: por piedad.
Nada de alteraciones irregulares en los niveles de las mareas o esas inconducentes salidas o entradas de mar.
Ni aumentos progresivos del oleaje o variaciones significativas en las aguas, o esas recogidas que sólo miden los aparatos técnicos y no son más que puntitos rojos.
Miramos en menos a las marejadillas y francamente despreciamos los trenes de olas.
Lo que necesitamos es una limpieza profunda de la ANFP.
Una ola purificadora, por el amor de Dios.
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Posteado por: C. Elgueta 13/03/2011 11:46 [ N° 1 ] |
La ola que nunca llegó. Y faltan algunos años para que llegue. Esa onda depuradora que "...que friegue y refriegue lo que hay de sucio, porque existen manchas por doquier, hay malas costumbres pegadas como chicle, los prácticas cochinas están impregnadas en los techos y avanzan esos bichos menores que reinan entre la basura: chinches acorazados, baratas permanentes, piojos resucitados, pulgas saltarinas y pulgones traviesos..." Muy Bien dicho por el columnista. |
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Posteado por: felipe contreras astudillo 13/03/2011 15:19 [ N° 2 ] |
Buenas tardes don Antonio Ese es el problema: siempre estamos esperando cosas cordiales saludos |
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Posteado por: Paulo Andrés Derpich Nunes 13/03/2011 15:49 [ N° 3 ] |
Sin duda, señor Martínez, sin duda. Gusto de saludarle. |
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Posteado por: alfonso venegas bravo 13/03/2011 17:01 [ N° 4 ] |
Don Antonio Martínez: El problema mi estimado señor es que los clubes grandes hoy tienen a cargo del aseo, justamente a los bichos (cucarachas,piojos resucitados,alimañas |
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