La aventura de las cumbres puede adoptar formas bizarras. Junto a la depuración del estilo, es decir, la elección de la ruta más directa o la más difícil, escalando en solitario, o en invierno, con o sin cuerda, con o sin clavos de expansión, etc., la elección de los montañeros puede pasar también por coleccionar cumbres.
A mediados del siglo XX, en las esferas europeas ya se hablaba de una preciosa colección. "Los tres últimos problemas de los Alpes", tituló el eximio Anderl Heckmair su libro en 1954, para referirse a la temible Pared Norte del Eiger, la Norte del Cervino y la Norte de las Grandes Jorasses, cada una, un zozobrante viaje vertical.
Con el horizonte de las montañas más altas de la Tierra, los desafíos hallaron terreno fértil en las cordilleras del Himalaya y del Karakoram. En 1950, la expedición francesa de Maurice Herzog escala la primera montaña de más de ocho mil metros de altitud, el Annapurna. Pese a que sus predecesores en el campo del montañismo himaláyico habían superado sus 8.091 metros de altitud en otras cumbres, precisamente en el Everest, donde el récord del altitud entonces estaba en manos de Norton, a 8.500 metros, y quizás de Mallory e Irvine, que nunca volvieron para contarlo, los galos inscribían el hito del ascenso del primer "ochomil", como llamamos en la jerga a las catorce montañas que en nuestro planeta superan los ocho mil metros.
Entonces, con el Everest aún inescalado, quizás nadie pensó que treinta y seis años más tarde un solo hombre las subiría todas. Fue un tirolés del sur, Reinhold Messner, quien escaló por vez primera los catorce ochomiles. Con su ascenso del Makalu y del Lhotse en la misma temporada de 1986, Messner puso fin a un largo periplo de supervivencia. Emulando sus pasos, hoy la lista supera la decena de montañeros.
Otra preciosa colección tomó forma como las Siete Cimas, el ascenso a la cumbre más alta de todos los continentes, considerando en América dos montañas, la más alta de América del Norte, el Denali, y de América del Sur, el Aconcagua. La disputa por el primer puesto va aquí entre un canadiense, Pat Morrow, y un estadounidense, Dick Bass. El punto está en la cumbre máxima de Oceanía. Mientras que Bass considera al diminuto Kosciusko en Australia (2.230 metros), Morrow se inclina por la Pirámide Karstensz en Nueva Guinea, de cuatro mil ochocientos metros de altitud y seiscientos metros de pared. Bass considera que Karstensz está en Asia... Y se fue quedando solo con sus consideraciones. Entonces en 1993 completé la colección y fui el récord del mundo: el más joven, y el primer iberoamericano.
Diez años más tarde, leyendo un libro exquisito, "Un Viaje por la Biblia", imaginé una colección de cumbres bíblicas. Planifiqué una expedición para darles una dimensión geográfica a las escrituras sagradas: los primeros puntos geográficos que se mencionan. Partiendo por el monte Ararat, donde se dice que está el Arca de Noé, la montaña que salvó a los hombres del diluvio, y el primer punto orográfico que se menciona en la Biblia. Seguimos por el monte Sinaí, donde el Dios judío cristiano entregó los mandamientos, luego al monte Nebo, desde donde Moisés avizora la Tierra Prometida, y finalmente fuimos tras las montañas de Cristo, donde fue tentado, se transfiguró, dio el sermón de las montañas y fue crucificado. Tres documentales para TVN, y una colección como ninguna, y quizás la que más atesoro.
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Posteado por: alejandra espinoza diaz 03/05/2011 16:51 [ N° 1 ] |
Excelente articulo |
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