
A Unión La Calera estuvieron a punto de arrebatarle un bien raíz y moral: jugar en casa, un estadio pobre y debilucho, donde la cancha es como las graderías, camarines y rejas, mala sin vuelta.
Un estadio precedido por el cartel "Gracias Torpedo", en recuerdo de Alfredo Núñez, quien murió joven y pateaba como mula, pero nunca tanto como Osvaldo Castro, la estrella esencial.
En esa tribuna sufría y se inflaba como globo rojo el nombre del estadio, cuando el presidente del club estaba vivo: Nicolás Chahuán.
Y en ese lugar, pese a todo, terremoto incluido, el equipo de provincia venía jugando sin dramas ni prohibiciones, y en el instante supremo, cuando debía enfrentar a Universidad Católica, en un día de semana y a las cuatro de la tarde, aparecieron el Ministerio del Interior, la gobernación y el informe de Carabineros para prohibir el partido y trasladarlo de escenario.
Universidad Católica, el equipo poderoso que aspira a ser bicampeón, no estaba obligado a decir nada y no lo dijo: se quedaron callados.
Sus jugadores hablaron de un terreno disparejo y con desniveles, alguien mencionó la poca seguridad y un delantero recordó que hace un tiempo le pegaron a los hinchas cruzados.
La institución, pese a todo el abolengo de la razón universitaria, tomó ubicación en un palco lejano y sombreado, detrás de los verdes informes de Carabineros y de la voz de la autoridad, porque debe ser así, claro que sí: no hay seguridad, se dijeron para sus adentros. Y si ahora lo descubrieron y antes no lo dijeron, es verdad que parece raro, pero no es nuestro negocio y a lo mejor hay antecedentes que desconocemos y por eso, entonces, lo recomendable es no moverse, no hacer gesto alguno y quedarse callado.
Las instituciones y las personas se engrandecen con lo contrario, cuando hablan por encima de los intereses pequeños -el resultado de un partido- y se instalan en un escenario utópico, como todo gran lugar. En ese sitio, los poderosos sacan la voz para defender a los débiles y no se permiten injusticias, porque para eso hay universidad, coraje y honor.
Universidad Católica pudo gritar lo que clamaba el cielo: se está cometiendo una injusticia.
En vez de eso y como no estaba obligada, no dijo nada.
La injusticia, afortunadamente, no llegó al río.
Sergio Jadue, presidente de la ANFP, es un buen calerano.
Como Nicolas Chahuán, que puede seguir en paz y no necesita, por esta vez, darse vuelta en su tumba.
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Posteado por: ramón angel guiñazu 06/06/2011 12:11 [ N° 1 ] |
Equiipo chico con dos mil personas de concurrencia pero con dignidad |
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Posteado por: Alejandro Fuentealba Mancilla 06/06/2011 17:55 [ N° 2 ] |
Posteado por: Ese estadio no es del equipo, es de la municipalidad de La Calera. Usted no tiene filtro entre las boludeces que piensa y las que escribe. |
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