En medio del océano Pacífico, Rapa Nui es la isla más aislada del mundo. La tierra más cercana que pueden ver sus habitantes es la luna, el sol y las estrellas. Es Isla de Pascua, la tierra del legendario rey Hotu Matua que llegó aquí hace mil años, una isla de cavernas, de volcanes llenos de mitos y leyendas.
Aquí los hombres decidían el poder mediante la prueba del hombre pájaro: debían descender un acantilado hasta el mar y nadar varios kilómetros hasta islotes vecinos, en aguas llenas de corrientes e infestadas de tiburones, para erigirse como gobernador de la isla, como Tangata Manu.
El año pasado, con el equipo de Cumbres del Mundo recreamos esta prueba para un documental de la serie que podremos ver este domingo a las 17:00 horas en TVN.
Mi padre Bernardo me enseñó a nadar largo antes de las montañas. Tenía ocho años. Nadar menos de dos kilómetros, como lo hacían los nativos Rapa Nui, no revestía gran problema; en piscina lo hago a menudo. Pero el tema aquí eran las corrientes marinas, y el salto del acantilado al mar... El mar es otra cosa. Está vivo. Además tendría que bracear esos dos kilómetros después de una larga excursión por las laderas del volcán.
Recuerdo llegar al rompeolas, al lugar del salto, acompañado de Cristián Rapu, y del camarógrafo Luis Portocarrero. En el mar, bamboleante, la cámara de Tito Alcaíno, que grababa mis zozobras antes de decidirme a saltar. Estaba cansado, y no sabía si quería hacerlo. Había que escalar hasta donde el acantilado cayera recto hacia el mar, sin salientes. "Está resbaloso", me dijo Cristián, como para darme más fe... Llegamos al sitio del salto y conté varias olas. "Aquí no me tiro... No voy a saltar", dije. Luego respiré, le pedí a mi compañero que me ayudara a decidir el momento oportuno. Al poco rato Cristián susurró: "Esta es la ola". Sin dudar un segundo salté al mar, y nadé con todo mi aliento para escapar de la resaca y del peligro de las rocas... Zafé... Sentí cómo el mar templado de esa maravillosa isla me limpiaba y me llenaba de fuerzas... Comencé a entrar en ese ritmo invencible que nos hace llegar a lo más alto... Entré en meditación... Era uno con el mar... Era puro gozo... La corriente me derivaba a la derecha, era fuerte, por algo hablaban de ella. Sentía desde el bote la voz de otro compañero Rapa Nui, Hans, que le decía a mi camarógrafo: "Oye, nada", y Tito le respondía que también subía cerros.
Todo quedaba registrado para el documental y en la maleta de buenos recuerdos y de buenos sueños que construyen esa parte de una buena vida. Lo había visualizado, para hacerlo mío. Era un sueño.
Recordaba las horas en el mar con mi papá, las historias de Mampato en Rapa Nui, y a mi mamá que había muerto hacía diez días. Durante su larga agonía no había entrenado. Y lo sentía. Pero si sabes la clave del largo aliento, manejar el ritmo, el dolor puede sobrellevarse. Es en esos momentos cuando veo qué fuerza nos lleva adelante. Es un enigma que se me está develando en esta vida. Y entiendo a los montañistas, y a los hombres pájaro, en fin, a los hombres, su querer ser, la necesidad de confirmarse, de poder, sobre uno mismo, que es el más grande de todos.
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Posteado por: David Felix Jacob Ambler 15/08/2011 14:59 [ N° 1 ] |
Grande Doc: Que lindo lo que hicistes, (envidia sana) lo que me hubiese gustado ver, es un baile Rapa Nui, con falditas con totoras, serìas la envidia de los que estan ahora de moda. |
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