
A cuatro días del partido con Argentina, es decir, pisando el umbral de un nuevo proceso, las aguas están inquietas y de repente pasa como en la selva, según decían los cazadores furtivos, porque cuando el silencio es mucho y espeso -no cantan los pajaritos, no corre aire y nadie está rugiendo-, todo eso indica que algo malo puede suceder.
Las brujas no quieren echar las cartas, los adivinos se esconden, los hinchas no viajan en masa y los santones se retiran, porque la mano argentina es evidente que viene pesada. Siempre ha sido así y ahora será igual y peor.
Sólo los que destilan el líquido irritante y pegajoso de la buena onda no saben lo que pasa. Léase rostros de televisión, políticos de verbo fácil, psicólogos del Twitter y sociólogos de las cosas simples. Es decir, los que predican la unidad nacional a diario y claman por la selección de fútbol, como si ese fuera el bálsamo y la solución de los males del país.
El mundo consciente y adulto, en cambio, sabe muy bien que hay una guerra civil larvada y los bandos en pugna están velando las armas, desde hace meses.
Las pulen y les sacan brillo, limpian y enceran. Y las miran. Los que están a favor del proceso y los que están en contra coinciden en la actitud y el estado de ánimo: al aguaite, un poco nerviosos, espiritualmente briosos y todos inquietos.
Los resultados de los partidos amistosos y los de la Copa América fueron en zigzag, y así como se sacaba una conclusión, después venía la contraria. No jugamos exactamente igual que antes, pero tampoco tan distinto. No éramos mejores con Marcelo Bielsa y no somos peores con Claudio Borghi. Las líneas siguen siendo las líneas. Bravo es Bravo, Medel es Medel y Contreras es Contreras y son los que son.
Las viudas de Bielsa y los admiradores de Borghi, la verdad, quedaron empatados y aún no se define nada, porque la sangre todavía no llega al río.
Los bandos están aguardando ese momento, para así cazar la razón y hundirse en el cuello del rival, para que se trague las palabras, reconozca que no sabe de fútbol y se calle para siempre.
La hora de la verdad es un programa doble: viernes 7 con Argentina y martes 11 con Perú.
En el territorio futbolístico chileno hay una guerra civil permanente: sureños contra norteños, republicanos y nacionales, bielsistas y antibielsistas, hutus y tutsis o cualquier cosa que identifique a dos bandos enfrentados.
Eso es mucho mejor que la buena onda: esa es la santa verdad.
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Posteado por: Horacio Pailaqueo Pailaqueo 03/10/2011 12:03 [ N° 1 ] |
Hablando de buena onda, no serí malo, por cábalas, de esas que le gustan a Borghi, que nuestro Presidente Piñera ni siquiera ose despedir a la Selección, menos con el yetazo que se acaba de mandar con el pesista abanderado de los Panamericanos... Lo digo por si acaso, y no es que crea en las brujas Garay, pero de haberlas las hay... |
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Posteado por: Daniel Beza Islas 04/10/2011 04:43 [ N° 2 ] |
Dá lo mismo cómo nos vaya, lo más importante es que Borlli no le falte el Llihpéto al Presidente y le dé la mano y lo salude. La santa verdá. |
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