Enzo Garrido
Día de entrenamiento en el Estadio Tecnológico de Monterrey. En las tribunas, la hinchada de "Rayados" canta espontáneamente: "¡Olé, Olé, Olé, Olé... Suazo, Suazo!".
Humberto Suazo, el goleador chileno, es un ídolo para la afición regiomontana, aunque frente a los cánticos ni se inmuta. No los mira, ni menos saluda levantando una mano.
Termina la práctica, y el sanantonino se va al camarín, y en el camino los periodistas locales no pierden el tiempo en pedirle una palabra. Saben de antemano que, salvo en aisladas conferencias de prensa, no les hablará. Aún así, unos fanáticos lo encierran, y por la estrechez de la senda, al atacante no le queda otra que parar. Firma dos balones, se toma unas cuatro o seis fotos, vuelve a autografiar unas camisetas, y se va. La sonrisa de los que lograron el objetivo contrasta con la ausencia de expresión del jugador, quien ni siquiera les sonríe en las fotos ni se despide (tampoco los saluda).
"Chupete" camina más rápido y logra esquivar unos cuadernos que chocan en sus brazos.
Luego, todos los jugadores se van del recinto, pero Suazo es el último en salir. "Se marcha rápido o se queda hasta el final; no hay término medio. Es que espera que se vayan todos los hinchas, porque no es de dar autógrafos. Y cuando la porra es poca, ahí firma algo. Pero es muy difícil. Una vez salió tan rápido, que casi atropella a un niño, pero claro, fue culpa del chamaco que se cruzó", dice uno de los guardias del estadio, en alusión al accidente que protagonizó el año pasado con un pequeño de seis años. Esa vez le dijo al papá "ten más cuidado con tu hijo".
En el camarín es otro
Uno de los que más lo conocen en el plantel es el arquero Jonathan Orozco, quien defiende la personalidad de Suazo. "'Chupete' es así, más tranquilo, más serio; no es alguien al que le guste mostrarse, y hay que respetarlo, porque él habla en la cancha". "Cada uno tiene su carácter, y todos tenemos que respetarnos, pero él es un ganador, y eso es lo que nos importa", agrega el defensor argentino José María Basanta, también compañero del chileno.
En el equipo, el ex jugador de Colo Colo muestra una faceta diferente. Es bromista y nadie le dice Humberto, lo llaman "Chupete". Los de más confianza le dicen "Gordo", como lo hace Claudio Borghi. En México, Suazo se hizo fanático de los tacos de carne de vacuno y es el número uno en los asados de la plantilla.
"Es fundamental para nosotros, todos tenemos un rol dentro del equipo, y él es un gran jugador que aporta con su experiencia. Habla más de lo que se ve y es una persona bastante agradable", dice Luis Pérez, capitán de los "Rayados". "Yo soy muy amigo de él, compartimos mucho, y con el plantel es diferente, porque ejerce un liderazgo. Es muy exigente, sobre todo con los más jóvenes, a quienes empuja para que se ganen un puesto. Además, cuando alguien se equivoca, va de frente y se lo dice", agrega Orozco.
Claro que eso le ha traído algunos problemas. Por ejemplo, es de público conocimiento que no se lleva bien con el ecuatoriano Walter Ayoví. El problema se habría generado porque el chileno respaldó a Jesús Zavala para que fuera volante de contención. Y como su palabra es escuchada, el técnico Víctor Vucetich optó por el "protegido" de Suazo. El del "Guayas" tuvo que jugar abierto por la izquierda, donde no rindió bien. "No hay una dependencia, pero converso mucho con Suazo, porque es un hombre experimentado y que nos ha dado mucho", aclara el DT.
Sobre su intención de dejar la selección chilena, Vucetich explica que "él se desespera y se pone ansioso. Es normal para alguien que es ganador. Hay muchas circunstancias, la salud de él y de su familia. Lo hablamos de manera interna, y lo respetamos, porque antes que todo son buenas personas".
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