
Nelson Acosta ha construido su carrera como DT en base a una de las grandes virtudes de todo entrenador: la intuición.
Lo suyo no es la conceptualización ni la intrincada exposición de las variables tácticas. Simplemente es la cristalización de sus propias visiones -expresadas en la cancha- y donde el pragmatismo deja de lado la teorización.
Acosta no es un gran escritor desde el punto de vista de la compilación futbolera. A largo plazo, su historiografía no dejará huellas profundas (razón por la cual es muy difícil que surjan seguidores), y seguramente costará encasillarlo a no ser por los triunfos tangibles que consiguió. Sí es un buen lector porque en el corto plazo, ese que dura 90 minutos, es capaz de reordenar, reagrupar y, en definitiva, redefinir acciones con el objetivo de lograr una meta. Y eso, aunque no se crea, no es algo común entre quienes se sientan en una banca.
Acosta, como él mismo lo asume, nunca entrará en la consideración general ni menos en el elogio unánime.
Su alianza permanente con la intuición ha hecho que se construya un verdadero muro con quienes creen -creemos- que el orden futbolístico exige cierta disciplina y un mínimo de teorización. Pero ni así es posible descartar el aporte técnico que Acosta ha entregado.
Que tenga hoy a Cobreloa en posición de seguir escalando en los playoffs -situación que desde ya lo apuntala como un adversario de cuidado para todos- es la demostración que la apuesta de Acosta sigue vigente aunque los tiempos dicten favoritismo para los que están en la vereda contraria, y los aplausos estén para otros que busquen marcar tendencias.
El DT naranja, como buen lector, supo captar qué es lo que necesitaba y, dentro de un universo limitado para contratar, obtuvo el concurso de dos jugadores tremendamente importantes -Hugo Lusardi y Nicolás Trecco- no para su esquema, sino que esencialmente para la interpretación de su visión futbolística (que es algo que Cobreloa, como conjunto, ha demostrado en el Torneo de Clausura).
El fútbol de Acosta no encanta. Al contrario, ya está estigmatizado con el peor de los motes futbolísticos (el de "conservador") y nada, ni siquiera la revisión estadística -y el análisis un poco menos intransigente y más sereno- hará cambiar la caricatura.
Pero sí es un hecho que la "propuesta" de Nelson Acosta tiene sus méritos. Es eficiente, concreta y, como si fuera poco, efectiva.
Aunque sea sólo a modo de reivindicación, es bueno decirlo con todas sus letras.
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