
Mientras la Reserva Federal extrema sus esfuerzos para contener la crisis financiera que afecta a la economía estadounidense, se mantiene la incertidumbre respecto a la profundidad de la recesión que golpea a las economías industrializadas.
En el contexto actual, pareciera que "la medicina" no está logrando los efectos deseados sobre un enfermo -las anteriormente mencionadas economías- cuyo estado de salud se ha visto cada vez más débil.
Si bien es sabido que la política monetaria actúa con rezagos, por lo que no es razonable desestimar los efectos de las acciones que ha adoptado la Fed en los últimos meses, resulta legítimo preguntarse acerca de si a través del uso de esta herramienta se logrará superar la crisis. De hecho, un aspecto fundamental dentro de una agenda dirigida a superar la actual coyuntura atraviesa por la capitalización del sistema financiero de Estados Unidos y otras economías desarrolladas, aspecto en el que no se han logrado progresos de importancia y que parece fundamental enfrentar a la brevedad.
Políticas
En el plano local, el nerviosismo de los mercados es evidente. Para algunos analistas el escenario que se proyecta para el próximo año -de fuerte caída en la inversión privada- hace recomendable un manejo monetario y fiscal más expansivo, de modo de atenuar los efectos del mencionado cuadro externo sobre la actividad y el empleo. Así, mientras algunos han subrayado el papel anticíclico de la política fiscal, lo que haría recomendable un crecimiento más rápido del gasto, otros economistas han destacado la oportunidad que se plantea para reducir la carga tributaria.
Si bien puede ser interesante debatir en su propio mérito cada una de las propuestas, me parece que una estrategia de análisis más atractiva consiste en evaluar estas a partir de su eventual efecto sobre aquellos factores que determinan la severidad del daño ocasionado por un ciclo externo adverso, como el actual.
En general, podemos señalar que la intensidad de un cuadro recesivo -o de deterioro del entorno internacional- se acrecienta en presencia de: i) una crisis financiera; ii) una crisis de balanza de pagos y; iii) un deterioro de las expectativas, ya sea respecto a las perspectivas de mediano plazo de la economía o acerca de la credibilidad en las políticas vigentes.
Afortunadamente la economía chilena se enfrenta al complejo escenario externo con un sistema financiero sólido, tanto en términos de la capitalización de los bancos como del índice de riesgo que manejan. Por otro lado, si bien para el próximo año se proyecta un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, este es manejable, considerando el nivel de reservas disponible y la situación general de las empresas chilenas.
No obstante, es evidente que una estrategia inadecuada para abordar un cuadro de pérdida de dinamismo de la economía puede concluir acentuando las dificultades derivadas del escenario externo, en tanto lleven a una situación de cuenta corriente más compleja de financiar, o eventualmente, a agudizar problemas de endeudamiento de algunos sectores. En este sentido, es importante la cautela en la administración de estímulos a la demanda agregada, especialmente considerando que la regla fiscal vigente ya considera un crecimiento del gasto que supera en cerca de tres veces las estimaciones de crecimiento del producto para el año 2009.
En un escenario como el actual, un aporte importante de la política económica sería contribuir a un escenario de bajas tasas de interés y elevado tipo de cambio real, lo que plantea un límite al uso del gasto fiscal como herramienta para aminorar los costos del ciclo adverso.
Expectativas
Desde hace muchas décadas la Ciencia Económica ha otorgado un papel protagónico a las expectativas del público en la determinación de los efectos del ciclo económico. Así, la percepción en las personas que la gestión de la política económica es coherente con los objetivos que esta se ha planteado contribuirá a obtener dichos resultados más rápidamente, y con un menor costo. Por otra parte, en un contexto de desánimo global respecto a las perspectivas de mediano plazo, una activa estrategia dirigida a eliminar distorsiones y hacer así más atractivo y amistoso el ambiente de inversión y empleo ayudará a atenuar los costos del ciclo adverso y superarlo más rápidamente.
Contrariamente a la percepción dominante, que destaca la importancia de estímulos a la demanda, me parece que la realidad actual hace especialmente necesaria la ejecución de medidas dirigidas a impulsar el crecimiento de mediano plazo. En esta línea se encuentran acciones dirigidas a: aumentar el acceso a un empleo estable de los grupos de menor calificación; mejorar la calidad de la educación; perfeccionar el sistema tributario, etc.
En un contexto dominado por los temores que plantea el escenario externo, una estrategia adecuada de respuesta al mismo atraviesa por reforzar las fortalezas que observa la economía chilena en la actualidad y enfrentar un complejo problema de expectativas. Este se origina tanto en las turbulencias que han aquejado a la economía mundial en el último año, como en la verificación de un progresivo deterioro en la capacidad de crecimiento de la economía chilena. Si bien no es posible alterar el curso de los acontecimientos de la economía mundial, existe el espacio para poner en práctica medidas -que al potenciar las perspectivas de mediano plazo de esta economía- contribuyan a mejorar el ambiente y las perspectivas de actividades tan sensibles a las expectativas como son la inversión y la creación de empleo.
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