Matías Braun
Director de Estrategia
IM Trust y profesor UAI
Pasados casi seis meses desde que la crisis financiera global se desató, hay buenas y malas noticias. Las buenas son que se ha avanzado bastante: la fase más aguda de crisis que puso en jaque al sistema de pagos internacional logró ser contenida. Esto era, sin duda, lo más crítico, porque si no puedo pagar a mi contraparte es muy difícil que intercambiemos y, por ende, que logremos especializarnos.
Lo que estaba en juego era ni más ni menos que el funcionamiento del mecanismo básico por el cual una economía de mercado genera ganancias sociales.
Las malas noticias son que el flujo de crédito en la economía no logró ser restablecido. Esto, unido al brusco freno que significó la dificultad de realizar pagos durante semanas, profundizó el impacto en la economía real.
La actividad mundial ya muestra la caída más grande, más rápida y más sincronizada desde los años 30. Esto, a su vez hizo que la crisis de liquidez de las instituciones financieras se transformara en muchas de ellas en un problema de solvencia. Y de confianza para todos los demás.
El mercado puso toda su fe en la respuesta de las autoridades políticas estadounidenses, en el nuevo Presidente y su reluciente equipo económico. Pero nuevamente se vio defraudado por la falta de acción, los muchos planes dejados en el camino, la falta de estrategias de implementación claras, y los comentarios poco afortunados que terminaron por evidenciar la desesperación del gobierno.
Una vez más estamos en un hilo, a la espera de la respuesta de política que no llega.
No es que no se sepa qué hay que hacer para restablecer el crédito. Los detalles y la implementación son muy importantes, pero casi todas las ideas planteadas tienen el potencial de sacarnos de la crisis de crédito porque contienen esencialmente la solución genérica, que es separar la parte problemática de los bancos de la parte limpia. Esta separación es lo que hace que quien maneja el banco deje de hacerlo mirando el espejo retrovisor y empiece a enfocarse en las oportunidades que entrega el extender los nuevos créditos. Sin esta separación, al accionista le paga mucho más reestructurar sus pasivos con el auspicio del contribuyente que dedicarse a ser banquero, generando beneficios en el futuro más bien lejano y que en definitiva irán a parar a los acreedores.
Lo que hay detrás de esta inacción política son los intereses comprometidos en la distribución de las pérdidas de las entidades financieras. El tema es bien conocido: que la pelea por cómo repartir la torta termina haciendo que se eche a perder. En la práctica, la torta nunca se pierde del todo, sino que, cuando es evidente que lo hará, las partes dejan de pelear y corren a salvarla. Cuando en sólo tres semanas de noviembre los mercados perdieron un cuarto de su valor, la autoridad finalmente reaccionó y evacuó un plan.
Es bien deprimente, pero es probable que las grandes caídas de los mercados que hoy observamos sean la única esperanza de quebrar esta inacción política y comenzar el camino de la recuperación.
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Posteado por: Carlos Gutierrez Diaz 12/03/2009 14:58 [ N° 1 ] |
Comerán una torta un poquito picada entonces. |
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Posteado por: Miguel Ángel Cortés Becerra 03/04/2009 17:24 [ N° 2 ] |
Por qué egoismo?? |
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Posteado por: Miguel Ángel Cortés Becerra 03/04/2009 17:34 [ N° 3 ] |
Leído el artículo, creo que esta crisis es la mayor en el sentido de los postulados NEOLIBERALES |
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