The Economist
Cuando la crisis financiera cobró impulso en agosto de 2007, Jim Cramer, el exagerado comentarista de mercado en la televisión por cable, lanzó el peor epíteto que podía expresar al presidente de la Reserva Federal: "Bernanke está siendo académico. ¡No es el momento para ser un académico!". El 25 de agosto de este año, cuando Barack Obama nominó a Ben Bernanke para un segundo período de cuatro años, lo que una vez había sido un epíteto se había convertido en una fuente de fortaleza. "Como experto en las causas de la Gran Depresión, estoy seguro de que Ben nunca imaginó que sería parte de un equipo responsable de evitar otra", manifestó Obama.
Es demasiado pronto para declarar que la amenaza de la depresión quedó atrás, pero no para concluir que los antecedentes académicos de Bernanke, que parecían una desventaja al comienzo de su período, resultaron ser su mayor bien. Hasta ahora su manejo exitoso de la crisis no sólo refleja lo que aprendió sobre la Depresión, sino lo que otros economistas han aprendido del estudio de las crisis, como demostraron las estrategias similares que han adoptado otros bancos centrales.
Neófito político, Bernanke hizo de eso una fortaleza cuando trató de convencer a los políticos de que rescataran el sistema. "Nunca trabajé en Wall Street... Mi único interés es la fuerza y la recuperación de la economía de Estados Unidos".
A pesar de lo difícil que fue su primer período, el próximo será políticamente más traicionero. La recuperación que ahora está en marcha será débil: la deflación seguirá siendo una amenaza más grande que la inflación al menos por un año. Aunque los primeros signos de crecimiento producirán una presión para que se ajuste la política monetaria que Bernanke tiene que repeler sin parecer blando respecto a la inflación. La Fed tal vez tenga que intervenir más en los mercados para evitar nuevas burbujas.
El respaldo de Obama
Bernanke probablemente está a la altura de estos desafíos. Obama lo ha fortalecido enormemente, al nominarlo mucho antes que expire su período. Más importante, Bernanke demostró que puede adaptar la teoría académica a la realidad política en la que opera la Fed.
Ésta no fue una conclusión predeterminada. Él fue designado a la Fed en 2006 en gran medida por sus antecedentes académicos. Como profesor de la Universidad de Princeton, luego uno de los directores de la Fed y por poco tiempo asesor de George Bush, Bernanke contribuyó a levantar el edificio de la ortodoxia macroeconómica que resultó tener tantas fallas. El personero sostenía que los bancos centrales tenían un mejor rendimiento si se concentraban exclusivamente en la inflación, de preferencia con un objetivo. Estaba seguro de que si se utilizaba la política monetaria para tratar de detener las burbujas de los precios de activos, eso haría más mal que bien.
En gran parte esto reflejó su hipótesis de que los mercados eran, casi siempre, racionales y eficientes. En septiembre de 2005 declaró: "Las alzas recientes de los precios de las casas se pueden atribuir principalmente a los fundamentos económicos". Se culpa a Greenspan por plantar las semillas de la crisis al mantener bajas las tasas de interés después de la recesión de 2001, pero Bernanke proporcionó una amplia cubierta intelectual para la estrategia. El 7 de agosto de 2001, días antes que la crisis hiciera erupción, la Fed declaró que estaba más preocupada de la inflación que de una economía más débil.
La receta de Bernanke
Una vez que la gravedad de la crisis quedó clara, Bernanke sabía qué hacer. Las instituciones financieras, sin saber quién estaba expuesto a los valores tóxicos, empezaron a acumular liquidez y a negarse el crédito mutuamente. A medida que la liquidez se desechaba, algunas instituciones fracasaron y otras redujeron sus préstamos a las empresas y a las familias, matando de hambre a la economía en general. Durante los próximos 20 meses, Bernanke empleó medios más creativos para inyectar liquidez en los mercados financieros, utilizó la política monetaria convencional, redujo con el tiempo las tasas de interés a corto plazo casi a cero y trató de bajar las tasas a largo plazo mediante la compra de bonos. Pero la Fed necesitaba un sistema financiero en funcionamiento para transmitir los beneficios de tales acciones a la economía en general.
Bernanke no sólo actuó en forma más rápida y enérgica, sino que enfrentó apremios únicos. Casi por accidente el BCE terminó con un moderno juego de herramientas: puede prestar a muchísimos más homólogos contra muchísimos más tipos de garantías prendarias que la Fed. La economía europea continúa dominada por los bancos. La de EE.UU. una vez lo estuvo también, y los instrumentos de la Fed reflejan eso: puede prestar comúnmente sólo a los bancos desde su ventana de descuento. Pero la economía estadounidense ahora está dominada por un sistema bancario fantasma de firmas financieras, bancos y fondos de inversión. El equipo de Bernanke dedicó gran parte de su creatividad a superar las barreras legales y técnicas de la carta del siglo XX de la Fed y, cuando llegaron al límite, convencieron al Congreso y al gobierno de que tomaran el testimonio.
Los economistas han aplaudido las acciones de Bernanke, pero no la ciudadanía. Los índices de aprobación de la Fed llegan sólo al 30%, más bajos que cualquier otra entidad federal. Esto se debe en parte a que la economía ha enfrentado una recesión devastadora que la Fed tenía que evitar. Pero también refleja la molestia con la intromisión de la Fed en los mercados privados.
Las autoridades de los bancos centrales esperan ser impopulares, pero la Fed es solamente vulnerable ahora. Un proyecto de ley en el Congreso sometería sus decisiones más sensibles a la inspección minuciosa de los legisladores, mientras el gobierno ha propuesto expandir su vigilancia reguladora para contener futuras crisis. Esto ha lanzado a Bernanke a la arena política: al parecer está en desacuerdo con Tim Geithner, secretario del Tesoro y ex colega en la Fed, por su propuesta de despojar al Banco Central de su tarea de proteger al consumidor. Sólo un senador votó contra su confirmación en 2006.
Entre 10 y 25 de ambos partidos puede que lo hagan esta vez, aunque eso no rechazará su confirmación.
Obama podría sucumbir a las prioridades partidarias. El presidente de la Fed ejerce enorme influencia sobre toda la política económica, y un demócrata no ha tenido el cargo desde 1987. Antes, el Mandatario optó por Bernanke para mantener unidos a los dos arquitectos principales -el otro es Geithner- de la respuesta a la crisis y eliminar las desconfianzas del mercado.
Se culpa a Greenspan por plantar las semillas de la crisis al mantener bajas las tasas de interés después
de la recesión de 2001, pero Bernanke proporcionó una amplia cubierta intelectual para la estrategia.
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