
Ayer, el Banco Central informó que el Imacec cayó 2,7% en julio pasado respecto de igual mes de 2008, pero que aumentó 0,4% en relación a junio (desestacionalizado), cifra positiva por tercer mes consecutivo.
Así, cerraremos el año 2009 con una contracción cercana a 1,4%, pero con la actividad en alza. En un escenario probable, el crecimiento en 2010 se ubicará en torno a 3% (4% con suerte) y a 4,5% en 2011, muy cercano al promedio de expansión previsto para la economía mundial (medido a PPC), tal como ha sido el caso desde 2000. Dado lo anterior, de aquí a tres años más todavía habrá una enorme brecha entre el producto efectivo y el producto potencial, del orden de 6% del PIB.
El mismo escenario probable contempla una recuperación de la economía mundial a partir del segundo semestre en curso, pero sin mucha fuerza ni velocidad. En este escenario, EE.UU. recuperaría la mitad del crecimiento de los años 2003 a 2005 recién a mediados de 2011, mientras que la Zona Euro crecería apenas 0,4% el próximo año, y en dos años más estaría ligeramente sobre 1%. Es decir, la trayectoria prevista para el PIB mundial es al alza, pero se ve difícil que alcance el nivel previo a la actual recesión antes de dos a tres años, al menos en términos per cápita. Y si se trata de averiguar cuándo podría volver al nivel del PIB que correspondería a la tendencia que traía antes de la crisis, posiblemente concluyamos que no antes de una década.
Si atendemos a la historia, esto se explica porque cuando una recesión es precedida de una crisis financiera, como ha sido en esta oportunidad, la profundidad y extensión de la fase recesiva son mayores que en otros casos; más todavía si, como ahora, la recesión afectó a casi el 70% de los países del globo.
Entonces, la buena noticia es que hay una recuperación en marcha. La mala es que tiene toda la cara de ser bastante anémica. Es más, la recuperación enfrenta una serie de riesgos a nivel mundial, a los que quiero referirme. En primer término, la crisis financiera y la posterior recesión han provocado en todo el mundo una contracción severa del gasto privado (consumo e inversión). En EE.UU., la caída en los precios de las casas, la escasez de crédito, la reducción en los precios de las acciones y el aumento del desempleo han sido factores que han desalentado el consumo privado.
Si sumamos la mayor incertidumbre y los altos niveles de deuda de los hogares previo a la crisis, ha habido también un aumento concomitante del ahorro privado, que se estima alcanza 5% del ingreso disponible (3% del PIB). En el resto de los países desarrollados también se ha experimentado una importante contracción del consumo. La inversión privada, particularmente aquella de carácter habitacional, está hoy por el suelo, y la misma perspectiva de una recuperación lenta de la actividad económica en un ambiente de capacidad instalada ociosa hace que el resto de la inversión también diste de iniciar un proceso de reanimación.
Es frente a este panorama que el gasto fiscal ha sido incrementado sustancialmente, como si se tratara de una guerra, con el consiguiente aumento en la deuda pública. El riesgo es que como los países desarrollados partieron con niveles de deuda pública no menores, su capacidad para seguir a este ritmo es limitada si no quieren provocar grandes aumentos de las tasas de interés y depreciaciones fuertes de sus monedas. Y si la política fiscal se revierte antes de que el consumo y la inversión privada hayan tomado algo de vuelo, la recuperación económica podría fallar. Es cierto que parte importante de los programas de impulso fiscal está todavía por desembolsarse (50% en EE.UU., por ejemplo, y 37% en los países de la OCDE se gastará en 2010), lo que podría todavía sustentar la demanda durante el próximo año. Pero el riesgo existe trasladado a 2011.
La política monetaria vigente, fuertemente expansiva en casi todo el mundo, también colabora. Pero el aumento en el riesgo general que trajo la crisis, aunque disminuido respecto del peor momento, puede que haya llegado para quedarse por varios años, tal como ocurrió tras la Gran Depresión, lo que diluye el efecto reactivador de las tasas de interés reales negativas que hoy caracterizan a las políticas monetarias.
Por tanto, y particularmente en el caso de EE.UU., si el consumo y la inversión no se recuperan, la opción para llenar el espacio que eventualmente dejará la desaceleración de la política fiscal es un incremento en las exportaciones. Pero, ¿a quién? No pueden ser en forma masiva los restantes países desarrollados, la mayoría de los cuales no tienen superávit comerciales significativos. La alternativa es ciertamente Asia, y dentro de ese continente, China. Pero aquí viene el segundo riesgo.
Una disminución del enorme superávit comercial de China requiere de dos cosas que van juntas: que se aprecie el yuan frente al dólar y que disminuya la gigantesca tasa de ahorro de ese país (casi 40% del PIB). Otra forma de ver lo mismo es que el modelo de desarrollo y crecimiento del gigante asiático, orientado hacia las exportaciones, debe ser modificado para dar paso a una mayor inclinación a los mercados internos y una política pública que reduzca los fuertes incentivos naturales que hoy tienen los chinos a ahorrar: escasa previsión y seguridad social, ausencia de seguros de desempleo, dificultades para la adquisición de viviendas, etc. Aunque estos pasos no son imposibles, lo cierto es que su concreción sólo puede ser gradual, y con niveles relevantes de incertidumbre.
Finalmente, también hay riesgos en el comportamiento de los mercados financieros. El sector bancario está todavía deprimido respecto del crédito otorgado previo a la crisis, y no saldrá con velocidad de esta postración después del daño recibido. Es más, su mejor negocio hoy, especialmente en Europa, es prestarle al sector público, con refinanciamiento del Banco Central. De modo que prestarles a los privados no parece muy atractivo. Las bolsas y varios mercados de futuros de commodities han sobrereaccionado frente a los primeros “brotes verdes”, y seguramente verán idas y vueltas en sus precios en la medida en que se confirme el escenario central y los riesgos anteriores no se despejen fácilmente.
Hay recuperación, pero sin una gota de exuberancia. Habrá que transpirar mucho y estar conscientes de que los riesgos no son menores.
Decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile
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Posteado por: rodrigo gonzález fernández 08/09/2009 10:17 [ N° 1 ] |
Las cosas en el mundo no están fáciles y en Chile tampoco. |
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Posteado por: cecilia otarola Mendez 08/09/2009 11:32 [ N° 2 ] |
Veo muy duro este periodo, mucha cesantia, poco consumo, menos ahorro, poca inversion, es dificil, tal como indica el Sr. Morande salir de la recesion tan facilmente. Somos un pais exportador de materias primas por naturaleza, nuestras arcas fiscales se ven disminuidas por la baja en la demanda externa de nuestros productos, esto no se vera revertido en el corto plazo. Debemos aplicar politicas de shock, invertir en tecnologias, desarrar valor agregado a nuestros productos exportables, crear semilleros de emprendedores emergentes, el estado deberia apoyar a estos. El nuevo gobierno tendra una tarea compleja, espero para bien del pais que sea Sebastian Piñera junto a su equipo asesor el que saque a nuestros pais del Subdesarrollo y cree condiciones economicas estables para todos los compatriotas. Deberemos todos remar para el mismo lado, esto es sacar adelante a nuestro pais. |
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Posteado por: Eduardo s v 08/09/2009 14:02 [ N° 3 ] |
Y entonces, Morandé, con el panorama que pinta, ¿como cree Ud. que Piñera hará crecer al país a una tasa del 6% anual?. |
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