The Economist
En el diccionario político que publicó por primera vez en 1968 William Safire, quien murió el 27 de septiembre pasado, dedicó un espacio a la palabra "normalidad". El término fue popularizado por Warren Harding, quien hizo campaña para la presidencia de Estados Unidos inmediatamente después de la I Guerra Mundial. Fue ineludible después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.
No es de extrañarse, entonces, que la palabra reapareciera en el comunicado que emitieron los líderes del G-20, el grupo de las grandes economías, después de su reunión en Pittsburgh el 24 y 25 de septiembre. Después de la severa crisis económica del último año, la gente anhelaba estabilidad y la habilidad de predecir; en resumen, normalidad. Pero, ¿cuán lejos está eso? ¿Y cómo será una economía mundial "normal" después de los mayores fracasos financieros desde la Depresión?
La nueva "normalidad"
Dé una mirada al precio de las acciones o a las predicciones de crecimiento a corto plazo, y tal vez podría sentirse tranquilo. La producción ha dejado de contraerse en todas las grandes economías del mundo. En sus recientes predicciones, el FMI estima que el PIB global se expandirá en 3,1% el próximo año, 1,2 puntos porcentuales más rápido que lo que se predijo en abril. Las bolsas del mundo se han recobrado en 64% desde su caída. Las finanzas corporativas, una vez congeladas, se están deshielando rápido. Los analistas pesimistas una vez más están teniendo que justificar sus pronósticos.
Sin embargo, una inspección más minuciosa sugiere tener cautela. A pesar de un regreso bienvenido al crecimiento, la economía mundial está lejos de volver a la actividad "normal". El desempleo todavía está subiendo y mucha capacidad de manufactura continúa ociosa. Varias de las fuentes del crecimiento de hoy son temporales y precarias. La reconstrucción de inventarios no incrementará la producción de las empresas por mucho tiempo. A través del globo, el gasto está siendo impulsado por la generosidad de los gobiernos, no por los espíritus altruistas. El enorme estímulo fiscal y monetario está suavizando el daño en los estados de cuentas de las familias y de los bancos, pero los problemas fundamentales persisten.
En Estados Unidos y en otras ex economías de burbuja, las deudas de las familias son preocupantemente altas y los bancos necesitan reforzar su capital. Eso indica que el gasto de consumo será más bajo y el costo del capital más alto que antes de la crisis. La economía mundial tal vez tenga algunos trimestres de crecimiento respetable, pero no rebotará hasta donde habría estado si no hubiera habido ninguna crisis.
Eso solamente debería moderar algo del optimismo que está sosteniendo a los mercados financieros. Pero la perspectiva de una "nueva normalidad" (una expresión que popularizó Mohamed El-Erian, jefe de Pimco, una administradora de fondos) todavía cubre al menos dos posibilidades claras. Una es que la economía mundial regrese aproximadamente a sus índices de crecimiento previos a la crisis, sin recuperar el terreno perdido. Eso, dice el FMI, es lo que sucede después de la mayoría de las crisis financieras. La segunda posibilidad, más deprimente, es que el crecimiento permanezca en un índice inmutablemente más bajo, con un crecimiento de la inversión, del empleo y de la productividad más débil que antes.
La diferencia entre estos resultados es enorme. El daño persistente al potencial de crecimiento de las economías desembocaría en un futuro más oscuro de ganancias lentas de ingresos y menores expectativas. Eso, sobre todo, es lo que deben evitar aquellos a cargo de las políticas. Para hacerlo, tienen que llevar a cabo varias maniobras complicadas: apuntalar la demanda ahora sin arruinar las finanzas públicas; contener el desempleo sin inhibir el cambio de trabajadores de las viejas industrias a las nuevas, y, más que cualquier otra cosa, fomentar la innovación y el comercio, los motores fundamentales del crecimiento.
Apuntalar la demanda es la labor más urgente. No es ningún secreto que hay que reequilibrar el gasto global: los consumidores estadounidenses endeudados tienen que disminuir, mientras que los países florecientes deberían gastar más y ahorrar menos. En China esto significa una moneda más firme, redes de seguridad social más grandes y una reformulación general de los subsidios para aumentar la parte del ingreso nacional que se destina a los trabajadores. Alemania y Japón necesitan reformas estructurales para aumentar el gasto, especialmente en servicios. Lo que ha estado faltando hace tiempo es la voluntad política, y aquí el G-20 pareció hacer un avance. El comunicado de Pittsburgh prometió someter las políticas económicas de los miembros a una "revisión de los pares". Estas revisiones tal vez resulten ser ineficaces, pero el compromiso con ellas es un paso adelante.
El gasto privado en las economías de superávit no aumentará de la noche a la mañana. La economía mundial dependerá más de los gobiernos por más tiempo que lo que a cualquiera le gustaría. Las reparaciones fiscales prematuras podrían poner en peligro la recuperación, como lo aprendió EE.UU. en 1937 y lo redescubrió Japón 60 años más tarde. Los gobiernos tienen que arreglar con el tiempo sus estados de cuentas, pero sólo cuando el sector privado tenga la fuerza suficiente, y se tiene que hacer de una forma que eleve el potencial de crecimiento de las economías. La gran parte de los ajustes debería provenir de los recortes del gasto. Donde tienen que subir los ingresos, los impuestos al consumo o al carbono son mejores que aquellos a los salarios o las ganancias.
Los gobiernos también tienen que combatir la desocupación sin endurecer sus mercados laborales. El alto desempleo puede hacer un daño duradero, a medida que la gente pierda sus habilidades o sus vínculos con el mundo del trabajo. Sume todo esto, y las dificultades son tremendas. La tormenta pasó. Pero aquellos a cargo de las políticas tienen mucho que hacer por delante -y muchos errores que evitar-, si desean sacar el mejor partido a la recuperación.
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Posteado por: Juan Lagos Ibanez 11/10/2009 11:02 [ N° 1 ] |
En chile no hay tormenta si sentamos las bases de producir suficiente energia chilena con especies vegetales "ernc", para lo cual contamos con suficientes trabajadores cesantes, suficientes hectÁreas de suelos degradados, suficiente agua, radiaciÓn, sanidad ambiental y recursos en todas las areas para aprovechas las oportunidades; sólo nos falta humildad, trabajar y compromiso serio y armonioso junto a aunar volutades y crecer por 40 años cerca de 2 digitos anuales, controlando el ipc y la cesantia y garantizar el actual crecimiento y futuro requerimiento con nuestros propios recursos. Favor de verificar. |
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