Letonia es un pez pequeño financieramente hablando. Su economía -más o menos del tamaño de la de Dakota del Norte- responde por un poco más que el 0,1% de la producción de la Unión Europea. Pero las repercusiones de sus problemas monetarios se reflejarán en otros países de Europa del Este, y esto debería servir como un llamado de alerta para aquellos a cargo de las políticas de Europa.
El estallido de la burbuja crediticia afectó a Letonia en forma más dura que a casi cualquier otro país. Los años de auge, sostenidos por los préstamos baratos en moneda extranjera y una moneda indexada al valor del euro, han desembocado en una quiebra espectacular. Durante el último año la economía letona se ha encogido en casi una quinta parte y su tasa de desempleo ha subido al 17,4%. Los precios de las casas bajaron en dos tercios de sus niveles máximos.
No hay una solución fácil para el descalabro de Letonia. Pase lo que pase, sus niveles de vida declinarán porque los sueldos reales tienen que caer. Pero tiene que decidir qué va a hacer con su moneda.
El gobierno quiere mantener la indexación de la moneda, como lo desea una gran mayoría de letones. Pero muchos inversionistas tienen dudas: a pesar de un rescate de varios miles de millones de euros de la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y otros, abundan los rumores de devaluación. Algunos economistas estiman que Letonia es simplemente una repetición de la crisis de Argentina en 2001, cuando un esfuerzo quijotesco por mantener un tipo de cambio fijo terminó en devaluación e incumplimiento.
En teoría, los letones tienen varias alternativas. La primera, podrían dejar que el lat flotara, como lo hicieron los argentinos. Pero en vista de lo pequeña y abierta que es la economía del país y sus vínculos sólidos con la zona del euro, dejarla flotar nunca ha tenido mucho atractivo; e incluso tiene menos sentido después de la crisis financiera. Igual como otros precios de activos son proclives a las burbujas, no se puede contar con que los mercados monetarios entreguen el tipo de cambio "correcto" para estabilizar las economías. Los últimos meses también han debilitado el argumento que Letonia tiene que tener una moneda flexible porque los sueldos y precios son "desagradables" en una dirección descendente. Ambos ahora están cayendo abruptamente.
En segundo lugar, Letonia podría devaluar y volver a fijar frente al euro a una tasa más baja. Defensores de la devaluación sostienen que la escala de ajuste de sueldos que el país necesita es tan enorme que implicará años de una recesión agobiante a menos que la moneda se debilite. Ellos apuntan a Gran Bretaña e Italia, los que abandonaron la inmovilización del tipo de cambio en 1992; y luego se recuperaron rápidamente de la recesión. La devaluación permitiría que las reservas de divisas de Letonia fueran más lejos y quizás seduzcan de nuevo a inversionistas nerviosos. Este argumento tiene cierto mérito. Una inspección minuciosa, no obstante, indica que Letonia (y, por extensión, otras economías pequeñas de Europa del Este) tiene más que perder y menos que ganar que los europeos que devaluaron en el pasado. Sus posibilidades de unirse al euro -el premio final para aquellos a cargo de las políticas del país- seguramente caerían. Las ganancias de la competitividad no serían inmediatas, mientras que la carga de la deuda en moneda extranjera subirá de inmediato. Lo mejor que se puede decir a favor de la devaluación es que aceleraría el incumplimiento, y la depreciación, de gran parte de la deuda privada de Letonia. Enfrentado con estas opciones desagradables, a Letonia sólo le queda seguir adelante con su actual indexación.
Una mejor opción sería que se uniera al euro ahora, lo que eliminaría la prima que el país paga por el riesgo monetario. Aquellos que están dentro del área del euro tienen cierto interés en la estabilidad financiera de Letonia, porque el incumplimiento podría dañar a los vecinos y causar pérdidas a los bancos de todo el continente. Pero ellos se oponen a la sola mención de que Letonia se una hasta que haya salvado los obstáculos oficiales para entrar (lo que ahora parece totalmente imposible).
Miedos de la Eurozona
Los países del área del euro tienen dos temores. Uno es que una ola de nuevos miembros frágiles pudiera debilitar el compromiso del Banco Central Europeo (BCE) con una inflación baja. Esta preocupación es exagerada. El consejo que establece la tasa del BCE, ya de 22 miembros, con el tiempo llegará a un límite más allá del cual los derechos de votación rotarían entre los miembros más pequeños. El segundo temor es más importante: que recompensar a las economías proclives a los problemas como Letonia con la entrada al euro reducirá las probabilidades de una crisis fiscal de la zona del euro.
En este momento, se da por sentado ampliamente que el incumplimiento de un país haría que el euro se terminara o que necesitara un rescate de otros países. Lo que se requiere urgentemente es una discusión abierta sobre cómo manejar una reestructuración ordenada de la deuda dentro de la zona del euro; una que deposite la carga sobre el país moroso y sus acreedores.
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