Sábado 29 de Marzo de 2008
Retraso en acuerdo educacional

La crítica y el cuestionamiento del adversario es una de las dimensiones de la política, y en ese ámbito es legítimo que los partidos intenten aprovechar los espacios disponibles. Así, la acusación constitucional que ha presentado la Alianza es un elemento más del cuadro político. Los méritos de la misma se sopesarán en las instancias pertinentes, y las decisiones tomadas en este proceso por las dos principales coaliciones políticas serán debidamente evaluadas por la opinión pública.

Pero la política tiene también otras dimensiones. La posibilidad de legislar y de aportar por esa vía al beneficio del país es, quizás, la más noble de ellas, sobre todo cuando el proceso legislativo ratifica grandes acuerdos. La población los valora en especial, tal vez porque siente que reflejan el interés de todos. El acuerdo logrado en educación por el Gobierno y la oposición refleja precisamente ese espíritu. En lo esencial, combina mucho mejor que el actual esquema la demanda por libertad de los establecimientos para desarrollar sus proyectos educativos con el necesario control que aspira a ejercer la autoridad sobre los establecimientos. El énfasis en el control está, sin embargo, en el desempeño de los estudiantes y en la rendición de cuentas que se desarrollará mediante nuevas instituciones administradas profesional e independientemente, lo que garantiza un foco preciso y menos burocracia. Por supuesto, no resolverá todos los problemas en cada institución, pero es un gran paso en beneficio de los alumnos.

Dicho acuerdo no fue fruto de improvisaciones, sino de un proceso de deliberación que viene desarrollándose hace mucho tiempo. Por eso, es muy negativo que en la comisión de Educación de la Cámara el oficialismo se haya opuesto a votar la iniciativa, aduciendo que requiere más tiempo para estudiarla. Más bien parece ser el resultado de trasladar a este ámbito la complejidad de la competencia política. Si es así, sería un error. La política no es de todo o nada: es preciso mantener separados los distintos planos. Si no, sería imposible avanzar en materias que, en definitiva, marcan al país. El clima político en Chile, más allá de refriegas propias de la contienda por el poder, es saludable, como lo demuestran no sólo este acuerdo, sino los alcanzados en el último tiempo en materia de seguridad ciudadana y reforma previsional. Pero si el proceso de reformas significativas se detiene, la beligerancia, que algunos han anunciado pero que está lejos de ser una realidad, con gran probabilidad se instalará, para daño de todo el país.

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