Un extraordinario crecimiento han experimentado en años recientes las clínicas privadas de Santiago. Tanto aquellas que atienden a los sectores más acomodados del sector oriente como las que se han orientado a los grupos medios se han visto saturadas por la alta demanda, y sus resultados económicos les han permitido elaborar ambiciosos planes de inversión que aseguran mayor crecimiento futuro.
El progreso en estos centros privados no es sólo cuantitativo, sino que ha habido también un mejoramiento en la calidad de los servicios, al menos en cuanto a satisfacer a los pacientes. Se incorporan nuevas y más avanzadas tecnologías, se otorgan mejores condiciones a los familiares de los enfermos y se cuidan hasta detalles mínimos, tales como la accesibilidad y seguridad de los estacionamientos.
Es imposible no contrastar estos positivos cambios con lo que se registra crecientemente en los servicios estatales de atención de salud. La falta de camas y de personal en los servicios de urgencia provocó el paro de la semana pasada. Los profesionales denuncian una grave crisis, que ha pasado a ser permanente, según ellos, y los enfermos se quejan de largas esperas y mala atención. La proximidad del invierno inquieta a autoridades, profesionales y público, pues se teme que vuelvan las hospitalizaciones en camillas o sillones, con el dolor y la indignidad de que una persona tenga que morir en un pasillo.
Las diferencias que se aprecian entre los sectores privado y estatal en la capital harán cada vez más difícil oponerse a la creación de un sistema de salud verdaderamente mixto, en el que las personas puedan optar con libertad por el subsistema en el que prefieran atenderse. Para alcanzar una meta como ésa, sería necesario diseñar un método que permita el traspaso del subsidio a las personas, tal como se ha hecho en vivienda o en educación, para que los ciudadanos puedan elegir, pudiendo suplementar o no el apoyo que reciben del Estado para mejorar los servicios que reciben, tal como ocurre en esos sectores. Sin duda, una solución semejante descongestionaría los servicios públicos y mejoraría la atención y la satisfacción de los amplios grupos de chilenos que hoy pagan con sus sufrimientos los costos de una crisis que se prolonga indefinidamente.
Entretanto, las clínicas privadas seguirán adelante con sus planes de inversión y su sostenido desarrollo. Las mejorías de eficiencia pueden disminuir las diferencias en los costos de cada sistema, en especial por su vinculación con algunos seguros que ofrecen las isapres y las propias clínicas. Éstas han probado capacidad de innovación en esta materia, particularmente notoria en seguros escolares con coberturas extensibles a la familia, lo cual se traduce en atractivas reducciones de precios.
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