Hace un siglo, en 1908, nació el segundo hijo de Horacio Valdés y Blanca Subercaseaux, Maximiano, que estuvo a punto de morir; sus padres, desesperados, lo llevaron a Río Bueno, donde un sabio capuchino alemán sanaba por hidroterapia. Años más tarde recorrería la zona con ese hábito religioso. Educado en el San Ignacio, unas tierras familiares en Nahuelbuta lo pondrían en contacto con familias mapuches que también serían centrales en su futuro, y comienza a ayudar a su tío fray Pedro Subercaseaux, con lo que inicia su acercamiento al arte.
En Italia, donde un abuelo embajador ante la Santa Sede, se siente llamado al sacerdocio. Bastará una visita a Asís para reconocer que el carisma franciscano es lo suyo, y especialmente el de los Padres Capuchinos que le permitirán ser misionero en la Araucanía, su sueño.
En 1934 se ordena con el nombre de fray Francisco José de San Miguel, y al año siguiente está recorriendo la zona de Pucón. Atraviesa ríos y lagos, asciende cerros, llega a los últimos rincones donde habitan familias indígenas. Debe atender nueve capillas rurales y 13 escuelas, pero, caminando o a caballo -monta con esfuerzo, no es buen jinete-, se hace presente. Funda capillas en Caburgua, El Huife, Curarrehue, y deja hermosas esculturas en caminos y claros de bosques, mensaje cristiano que ilumina esa comarca: el Cristo del Antumalal, el Cristo de Tormen... Una exposición en Santiago le permitirá impulsar la construcción de un hospital para Pucón.
En 1956, cuando el Papa Pío XII crea la diócesis de Osorno, él será su obispo fundador. Un nuevo desafío, entre muchos lu-teranos y masones que, sin embargo, al poco tiempo sentirán sim-patía por el religioso de barba larga, en motoneta y con sandalias, de mirada transparente. Muy pronto viene el terremoto que de-ja la diócesis en ruinas, y se transforma en personalidad local con su energía orientada a la reconstrucción, tarea que culmina con la nueva catedral para Osorno.
Entusiasmado participante del Concilio Vaticano II, traerá de vuelta sus mensajes al sur de Chile hasta que cumple 25 años en su cargo. Casi de inmediato tras su renuncia, se le encuentra un mal incurable y muere en 1982. Hoy, sus restos reposan en la cripta de la Catedral de Osorno, muy visitada por muchos que sintieron ante él una presencia santa; esperan, ahora, que avance su beatificación.
El Senado aprobó el año pasado sendos monumentos en Osorno y en el "Camino Internacional Francisco Valdés Subercaseaux", que recorriera muchas veces, paso cordillerano conocido como Ruta del Sol por los indígenas: ahí asoman los primeros rayos solares, poniendo fin a la oscuridad.
|
Posteado por: juan nivaldo lillo morales 06/05/2008 21:14 [ N° 1 ] |
Necesitamos muchos sacerdotes como el Padre Francisco, Chile mas que nunca requiere de sentir la palabra cristiana de un sacerdote que ayude a sostener la familia cuando llegan los problemas, de sentir su palabra consoladora y amiga ante una enfermedad grave, la comunion con Dios cuando se pierde un ser querido, el sentido de la verdad, de la honestidad y la transparencia en el accionar de cada dia, ojala el ejemplo dejado por el Padre Francisco en Osorno inspire nuevos sacerdotes con igual carisma y fe. |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |