Brasil avanza decididamente en su agenda mundial. Su canciller realizó una gira por el Medio Oriente en pleno conflicto de Gaza y se sumó a los planes para lograr la tregua en ese enfrentamiento. Esta no es una acción aislada de su diplomacia global, caracterizada por el pragmatismo, profesionalismo y por políticas permanentes, bien definidas y extendidas a todos los continentes y al grueso de los asuntos internacionales.
Conocidos son sus programas de energía renovable para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo; su diversificación de la matriz para alcanzar seguridad energética; asistencia a África para combatir epidemias; compromiso para enfrentar la escasez de alimentos en las naciones más pobres; su reclamo para reformar, hacer más representativo e integrar permanentemente el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; su activa intervención para concluir la Ronda de Doha, e interés por participar en el diseño de una nueva arquitectura financiera mundial.
La gestión exterior de Brasil está respaldada por el significativo tamaño geográfico, demográfico y económico, asimilado a las otras tres grandes potencias emergentes: Rusia, India y China.
La participación de Brasil en los temas globales, la asimetría con el resto de los países de Centro y Sud América y sus propios intereses podrían distanciarlo de América Latina, restarle interés en la cooperación y en el robustecimiento de las débiles instituciones regionales. Sin embargo, nunca antes una nación sudamericana había tenido un peso semejante en el mundo, con las amplias posibilidades de promover e integrar los intereses del hemisferio sur.
La pérdida de influencia de los Estados Unidos y la declinación de Argentina crean una excepcional oportunidad de liderazgo de Brasil en América Latina.
El actual gobierno brasileño ha impulsado Unasur, iniciativa que ha provocado reservas que han ido aumentando en el tiempo. En el nuevo organismo, que excluye a México, se repiten las fallas de varios intentos similares, por la ausencia de obligaciones relevantes exigibles con mecanismos eficaces para la solución de controversias. La persistencia en el estatuto de Unasur, sin el soporte de acuerdos efectivos de integración -como los alcanzados previamente por la Unión Europea- conduce a converger en una institucionalidad anacrónica, que favorece la retórica, las divisiones y los ideologismos que, por décadas, han perjudicado la unidad y los intereses latinoamericanos.
De la misma manera como el abandono del proteccionismo y del estatismo ha permitido el progreso y la inserción mundial de Brasil, su promoción de fórmulas más modernas de integración podría aumentar su liderazgo en beneficio de Latinoamérica.
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Posteado por: Angel Corbalán Sánchez 23/01/2009 16:03 [ N° 1 ] |
Estimado amigo, estoy de acuerdo en parte ya que, siempre se dependerá de la situación de "crisis " mundial y de las multinacionales. Ángel Corbalán
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