El optimismo ante la innovación tecnológica que se ha adueñado de los medios, dado el avance asombroso de internet en los más diversos ámbitos, ha llegado a influir en la realidad de la biblioteca. Esta institución tan enraizada en la cultura del libro, y que busca garantizar su difusión y conservación, también vive el desafío de ajustar sus procedimientos a la tecnología contemporánea. Hay ejemplos extremos, como el de las bibliotecas escolares de California, que reemplazaron los textos escolares impresos de matemáticas y ciencias por e-books , para que los alumnos puedan consultarlos virtualmente, desde sus iPods y celulares conectados a la red.
Pero la tendencia general, tanto mundial como local, es avanzar hacia la consolidación de un sistema mixto de biblioteca, en el que el modelo clásico de las entidades tradicionales se complementa con los nuevos dispositivos que ofrece la red virtual. Los servicios bibliotecarios viven una renovación profunda, utilizando para ello las nuevas tecnologías interactivas, de modo que las colecciones de las bibliotecas son mucho más consultadas que antes: a las visitas físicas al recinto se suma la visita virtual de índices, catálogos y, en algunos casos, libros digitalizados. Esta novedad aumenta exponencialmente el número de consultas, lo que convierte a la biblioteca pública y universitaria en un servicio que, tal vez por primera vez -al menos en el caso chileno-, sirve a varios millones de personas cada año.
"Todo el modelo institucional cambia -afirma una especialista-, menos la cultura del libro". La innovación tecnológica no ha desplazado la función del libro impreso ni su importancia como medio de transmisión del conocimiento, manteniéndose como pivote central del sistema. Esto, pese a los sombríos pronósticos sobre su futuro, generalmente provenientes de centros que proveen de nuevos artefactos cada vez más sofisticados de consulta y conexión a la red. Diversas causas explican la frustración de los más futuristas, que van desde los impedimentos legales y de precio para ampliar indefinidamente la oferta de textos digitalizados, hasta la falta de seguridad de que adolece el sistema virtual -carente, entre otros, de adecuada jerarquización.
Parecería que el libro es una conquista cultural, que ya superó con creces las pruebas de ser un mero soporte tecnológico eficiente para albergar el conocimiento y garantizar su difusión. Su utilidad y valor van mucho más allá, y parece lejana su obsolescencia. Lo muestra el hecho de que nunca antes en la historia se habían impreso más libros en el mundo que en los últimos tres lustros -los mismos años de vida que tiene internet.
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