Las principales coaliciones políticas han propuesto alargar la duración del subsidio y del permiso posnatal, desde 84 a 180 días (el prenatal dura otros 43 días). Gran Bretaña amplió el posnatal pagado a nueve meses, acercándose a otros países europeos, donde dura entre seis meses y un año, pero en América Latina sólo Brasil ha dispuesto seis meses de pre y posnatal; en los demás países tiene una duración menor que en Chile actualmente.
Falta ahora avanzar en los consensos técnicos necesarios. Este tema tiene tantos componentes justificadamente emocionales, que resulta difícil analizarlo desde una perspectiva técnica, sin arriesgar imputaciones de insensibilidad. Sin embargo, es preciso hacerlo, para que eventuales deficiencias conceptuales no conduzcan, a corto andar, a paradójicos perjuicios para la madre, el recién nacido y la familia.
El subsidio paga el ciento por ciento del salario imponible y las cotizaciones de aquellas madres con empleos cubiertos por la seguridad social, con cargo a impuestos generales. Las madres que trabajan en su casa o por cuenta propia (a veces en condiciones más duras) no tienen acceso a este subsidio, que subiría en 75 por ciento.
Pero debe recordarse que las políticas de posnatal no operan en forma aislada, sino en conjunto con otras políticas sociales y laborales, entre las que destacan la prohibición de contratar por menos que el salario mínimo, el subsidio a salas cuna para mujeres cotizantes, y las licencias médicas por enfermedad grave de hijo menor de un año -que, como se sabe, incluyen muchos casos no médicamente reales-. En la práctica, la obligación de reintegrar a la madre tras el posnatal genera rigideces que elevan el costo fijo de emplear a una mujer en edad fértil en empleos cubiertos, cualquiera sea su jornada. Todo esto es tomado en cuenta por los empleadores cuando seleccionan personal nuevo y cuando ofrecen ascensos.
Una extensión exitosa del posnatal, que no reduzca el empleo ni el salario femenino, requiere modificar las demás políticas en forma coordinada. Cabe estudiar opciones para esto. Un deducible para solicitar el subsidio por enfermedad grave del hijo menor de un año y una reducción de la tasa de reemplazo reducirían el abuso y el costo de emplear mujeres. También contribuiría a aumentar la demanda laboral femenina el permitir convenios con el empleador, por los que la madre trabaje hasta media jornada mientras hace uso del subsidio, y que reparta el uso de éste en más tiempo. Asimismo, convendría evaluar un subsidio de capacitación para las madres que cuiden a sus hijos por sí mismas, utilizable cuando el hijo llegue a la edad preescolar.
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