El ánimo suele ser bastante movedizo. A veces se eleva vertiginosamente y luego, incluso sin razones, desciende todavía más rápido y se instala en el suburbio del desánimo y en el subsuelo de la tristeza. Escurridizo por naturaleza, con frecuencia escapa a previsiones y padece exaltaciones y decaimientos, más que nada debido a su gran sensibilidad al afrontar diversas circunstancias.
¿Qué hacer ante tan cambiante realidad? Quizás no dar demasiada importancia ni a entusiasmos excesivos, ni a depresiones inmotivadas, puesto que unos y otras pasan pronto, tras lo cual la disposición del carácter vuelve a una justa normalidad.
Una voluntad desmedida en un sentido u otro suele ser enemiga de decisiones suficientemente prudentes.
Algunos, embriagados por un erróneo fervor, asumen compromisos imposibles; otros, en cambio, abatidos por sombras imaginarias, desfallecen en una inercia preocupante.
Por cierto, no se trata de abordar estos aspectos desde una indiferencia inconmovible y que permanezca estática y gélida sentada en su trono de hielo. La vida, sin duda, está sujeta a variaciones anímicas, insoslayables y necesarias; pero, al mismo tiempo, conviene precisar que ellas, como otros innumerables hilos de la existencia, deben ser situadas, y quizás sitiadas, en marcos pertinentes y en trincheras adecuadas.
Rodericus
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 |