Un amigo del sabio Critilo, ponderado y ecuánime, ha dado en preguntar qué liga a las personas con los objetos. Especialmente, dice, muchos hombres —y menos las mujeres— se aferran a las prendas de vestir, como si en ellas les fuera la vida. No tanto por avaricia, pues suelen poder reemplazarlas. Tampoco, aunque más probable, por un sentimental apego. Es por una suerte de inercia del hábito y del uso.
Ocurre eso en particular, adelanta el informante, con los zapatos, que adquieren casi la categoría de fetiches. Hace poco, un ministro fue criticado por tenerlos muy viejos y gastados, inapropiados para su condición pública en opinión de muchos.
Pero siempre hay usos para lo viejo, sean zapatos o ropa. Aunque, como dice el sabio Critilo, no es bueno dejar para la intimidad lo viejo o lo feo. Al fin de cuentas, uno es tan público de sí mismo como los extraños, y verse bien en la soledad es parte de la autoestima.
ANDRENIO
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Posteado por: Edo. Romero G. 16/07/2011 10:08 [ N° 1 ] |
interesante columna, |
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