Envejecer es uno de los grandes temores de la juventud. Pero, sin duda, ese miedo se pierde lentamente a medida que el tiempo transcurre y la persona no sólo va encaneciendo y declinando de a poco, sino también haciéndose más madura respecto de su aceptación de la realidad.
No hay ninguna dificultad en suponer que la senectud es una época para pacificarse a sí mismo. En este sentido, su valor es inmenso. Experiencias amargas y frustrantes se miran sin tanto dolor cuando la persona es ya mayor y cuando lo sucedido ha sido decantado en el corazón. Quizás esto es así porque la ancianidad sirve para calmar ansiedades y apaciguar tristezas, pues el tiempo de la vejez se convierte en el sendero para recoger experiencias y para redimir errores y culpas.
Hay, además, otro valor propio de la longevidad. Quien ha vivido bastante, suele tener una mirada más comprensiva con todo lo ocurrido tanto en su historia como en la del resto. Por ejemplo, el juicio severo sobre un hecho pasado se califica sin tanta dureza en la edad provecta, y lo que no se entendió en su momento, se dimensiona mucho mejor retroactivamente. He aquí otro rasgo de hermosura y de gracia en el ser humano que alcanza su ocaso.
Rodericus
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Posteado por: Maria Enita Rojas Farías 21/07/2011 10:58 [ N° 1 ] |
Son muchos los rasgos hermosos que se pueden citar en relación al ENVEJECER,pero ¿Cómo no asustarse y sentir temores frente a la calidad de vida que tendremos que afrontar?. |
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Posteado por: Irmela Eckermann Ludwig 21/07/2011 16:16 [ N° 2 ] |
Tiene toda la razón: canas y arrugas dan tantísima libertad y la gran verguenza da paso a pequeñas inseguridades. |
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