El médico árabe Averroes (1126-1198), de la Córdoba musulmana, distingue en su tratado Colliget (generalidades sobre medicina) entre medicinas y alimentos, diciendo que las primeras son fuerzas activas y transformadoras que se oponen a la enfermedad, en tanto los segundos suministran los materiales que constituyen el organismo. Siguiendo a Galeno, indica que el alimento tiene, respecto del cuerpo, un papel pasivo, en tanto es el cuerpo el que se comporta pasivamente respecto de la medicina.
Esta distinción ha cobrado una importancia científica y económica que Averroes no pudo prever. Muchos preparados y compuestos que no se podrían comercializar como medicinas, aunque tengan efectos a veces notorios, se venden bajo la rúbrica de "suplementos alimentarios". Con lo cual no se someten a las normas, más estrictas, que rigen la comercialización de medicamentos.
Lo interesante -indica el sabio Critilo- es que esta válida distinción medieval, fundamentada teóricamente, haya llegado a tener esta importancia económica y comercial de nuestros días. Habría que volver al pasado para indagar mejor los argumentos que luego cobran valor.
ANDRENIO
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