Hay que apoyar con entusiasmo y fuerza la genial idea del poeta Floridor Pérez, hecha pública el pasado domingo en el suplemento cultural “Artes y Letras” de este diario: cambiar el nombre de la estación “Santa Lucía” del Metro por el de “Biblioteca Nacional”.
La idea no es contra la memoria de la santa ni tampoco del cerro Huelén (su original nombre), sino en favor de uno de nuestros patrimonios emblemáticos. Es lo lógico, además, si se considera que las puertas de salida de dicha estación están al lado de la Biblioteca y no precisamente del cerro. Además, y qué duda cabe, en los tiempos que corren resulta mucho más significativo e iluminador el edificio que guarda tanto de lo nuestro, que el cerrillo aquel que otrora encandilara a don Pedro de Valdivia.
De otra parte, la propuesta muestra una vez más que los poetas a veces tienen buenas ideas, y que hay que escucharlas. No creo que sean demiurgos ni iluminados; tampoco profetas ni pitonisos. Pero muchas veces a lo largo de la historia, y como los actores, han sido la conciencia de sus pueblos.
Que hoy un poeta nos diga que la estación “Santa Lucía” debe llamarse “Biblioteca Nacional” es algo digno de tenerse en cuenta y, sobre todo, de ser reflexionado con calma y profundidad. Desde luego, en las futuras marchas muchos estudiantes se enterarán por fin que tenemos una biblioteca. Y si algún futuro tenemos, él pasa por los libros y no por los cerros.
B. B. COOPER
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