Hay calles que invitan a pensar, a deambular por ellas rumiando alguna idea, anotando una frase, afinando en silencio aquello que se debe decir más tarde. Estas arterias, habitualmente pequeñas y tranquilas, son muy importantes para quienes -aunque sea modestamente- intentamos dedicarnos a menesteres intelectuales, pues hallamos en estas calzadas un espacio preciso y adecuado para pensar al aire libre y para dar respiro a esos momentos de asfixia física y mental que provocan el encierro y el pasar varias horas leyendo y analizando un texto, o escribiendo, o preparando una clase.
Un amigo filósofo, que vivió algunos años en París, me comentaba que en la Ciudad Luz no es infrecuente encontrarse con personas que transitan reflexivamente por sus vías, más concentrados en sus elucubraciones del momento que en las bellezas del lugar y en la fascinación que despierta el movimiento exterior. Si bien Santiago suele ser una ciudad con menos encanto que esa urbe europea y no tan propicia para peatones pensativos, este ejercicio de caminata meditabunda es todavía posible para solitarios aprendices que buscan, a través de un concepto o de una imagen, sintetizar el esfuerzo, a veces arduo, de su oficio especulativo y de su afán por respuestas y verdades.
RODERICUS
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Posteado por: Miguel Fernández Muñoz 31/08/2011 18:33 [ N° 1 ] |
Lo unico que pienso yo cuando salgo en Santiago es en la posibilidad de ser asaltado. |
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