Todas las actividades humanas necesitan la comprensión y el respaldo del correspondiente grupo familiar, pero, sin duda, esos apoyos son insustituibles en casos como el de Carabineros: una profesión sacrificada, a veces incomprendida y mal retribuida, cargada de riesgos. De allí que cuando un hijo, conociendo las dificultades de la tarea, decide incorporarse a las filas policiales, se produce en ellas un sentimiento de complacencia. No han elegido un medio de vida, sino un modo de vivir.
El reciente cambio de mando superior se ha realizado entre dos generales, hijos a su vez de generales de reconocida trayectoria. Uno y otro, desde la eternidad o vivo, deben haber reiterado la satisfacción de haberlos formado en el concepto de guardadores del orden y la seguridad, protectores de los débiles y guardianes del derecho. Los generales Gordon y González son, en el lenguaje informal de la institución, "crías fiscales", extensión cariñosa del término que se aplica a los caballares que nacen en los recintos policiales. Familia y su entorno, incluyendo a los animales que lealmente les sirven, son el soporte íntimo con que los carabineros cumplen las tareas que les encomendó la nación, y los citados generales directores son un símbolo de esa experiencia. Lo que representan conviene preservarlo y no ponerlo a nivel de competencia con quienes violentan el derecho, pero son recibidos por la autoridad.
Corusco
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