Si leemos historias ficticias, es decir, novelas, cuentos o cualquier otro relato cuya trama es fruto de una invención, es porque seguimos interesados en la vida y no hemos sido derrotados por la desesperación.
Para quienes han sabido hallarle el gusto, la literatura es también un tubo de oxígeno, un respiradero ante las angustias y fatigas de la existencia, un soplo de rejuvenecimiento frente a la expectación que despierta el deseo de conocer cómo concluye una narración. La curiosidad del rey por que la historia no quedara a medias salvó a Scheherezade de morir decapitada.
Estas ideas, aunque formuladas de otro modo, están presentes en distintos literatos, entre ellos la escritora estadounidense Flannery O'Connor, a quien he estado leyendo por recomendación de un buen amigo, devoto de su obra. Para esta autora, leer sobre las vidas de otros, incluso vidas supuestas y no reales, es un modo de conservar la esperanza, pues "la gente sin esperanza no sólo no escribe novelas, sino, lo que es más importante, no las lee... El camino de la desesperación es negarse a tener cualquier tipo de experiencia, y la novela, por supuesto, es una forma de tener experiencia. La señora que sólo leía libros que la edificaran estaba siguiendo un camino seguro, pero también un camino sin esperanza".
RODERICUS
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Posteado por: Horacio Morris Miranda 02/12/2011 07:27 [ N° 1 ] |
Don Rodericus, |
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