Un amigo tuvo un ataque fulminante de apendicitis, que lo obligó a operarse de urgencia. Este suceso me llevó a averiguar un poco más sobre dicho órgano, que nos acecha agazapado en las entrañas y se manifiesta súbitamente en forma traicionera, por la vía de inflamarse, provocando dolores intensos, náuseas y fiebre.
Así, me ilustré de que la mayoría de los científicos estiman que es un "órgano vestigial"; es decir, de aquellos cuya función original se ha perdido durante la evolución, y que estaba destinado primitivamente a digerir celulosa, ya que la dieta de nuestros ancestros macacos se componía básicamente de plantas. La lista de órganos vestigiales incluye, además del mentado apéndice, el coxis (que sería el resto de una cola perdida), las muelas del juicio, y el fenómeno de la "carne de gallina", destinado a elevar el vello corporal para amedrentar a los enemigos.
Hay algunos científicos que cuestionan el carácter vestigial del apéndice con sesudos argumentos, tales como que la abundante irrigación sanguínea de la que goza es incompatible con un órgano inútil, concluyendo que tiene otras funciones que aún no han sido descubiertas.
Me propongo cooperar a desentrañar las misteriosas funciones que cumple el apéndice, a través de analizar concienzudamente el comportamiento de mi amigo después de sufrir su extirpación. En una de éstas mejora su sentido del humor y su gusto en materia de corbatas. O, quizás, empeoran.
R. RIGOTER
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