Critilo recuerda que así llamaba Francisco I. Madero, cuyas ideas en parte detonaron la revolución mexicana de 1910, a una suerte de ilustración popular que permitiera a las masas tomar conciencia de sus derechos y sus deberes. El entonces gobernante de México, Porfirio Díaz, sostenía que una verdadera democracia se basa en la capacidad de la gente de contenerse, esto es, no sobrepasar el ámbito legítimo de validez de los propios derechos y respetar los de los demás.
Ante una concurrencia escasa pero selecta, el sabio Critilo desarrolla la tesis de que necesitamos reactualizar esta noción de pedagogía cívica. No tanto porque, como decía un autor famoso, en materias económicas las mayorías nunca tienen razón, sino porque los grupos dentro de las sociedades, cuando identifican derechos, no siempre los asocian a correlativos deberes. Enseñar a apreciar, gozar y usar la autonomía, reflexionar sobre las consecuencias de los actos, respetar las diferencias, todo esto es probablemente fruto de una población educada.
-Pero -advierte el sabio- no de esa educación superficial que asociamos con la instrucción, sino con la verdadera madurez del espíritu.
ANDRENIO
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |