Según los últimos datos del Registro Civil, en el año 2011 los matrimonios se incrementaron en un 6%, mientras que el número de divorcios acentuó la caída que venía experimentando desde el año anterior. Estos datos contradicen hasta cierto punto las estimaciones previas a la dictación de la ley de divorcio, según las cuales esta ley iba a traer como consecuencia una disminución progresiva de los matrimonios y un incremento también progresivo de rupturas matrimoniales. Por otra parte, se debe tener en cuenta que el número de matrimonios en Chile es particularmente bajo en la comparación proporcional con otros países, y que no es posible extraer conclusiones sólidas a partir de una tendencia que se manifiesta recién en los últimos dos años.
Las cifras anteriores invitan, sin embargo, a una reflexión sobre sus posibles causas. Una explicación plausible, que ha sido esbozada desde la psicología, apunta a la dinámica que generan las épocas de mayor inestabilidad y los sucesos catastróficos como el terremoto de 2010. En tales contextos, las personas reaccionarían buscando una mayor estabilidad en sus relaciones familiares y adquiriendo conciencia de los riesgos que implica postergar las decisiones importantes para un futuro incierto. La necesidad que los individuos tienen de apegos y bases seguras encontraría al mismo tiempo su manifestación sociológica en la valoración de la institución matrimonial que reflejan las cifras comentadas. Nadie quiere vivir en un “mundo sin hogar”.
Si bien en las últimas décadas el legislador ha hecho todo lo posible por suprimir o atenuar los efectos jurídicos que antes eran característicos de la familia basada en el matrimonio, éste muestra una resiliencia de la cual se debería tomar nota. La experiencia sugiere que hay estructuras profundas de la persona adulta y en desarrollo que encuentran su expresión en la institución matrimonial y en la familia construida en torno a ella, en la medida en que están asociadas a una expectativa de estabilidad que el derecho reconoce. Un ordenamiento jurídico que hiciera caso omiso de esta realidad sería disfuncional y correría el riesgo de amparar situaciones violentas. Especialmente en materia de protección social, pero también en el ámbito tributario, es un grave error dejar el matrimonio o la familia matrimonial en situación de desventaja o desprotección.
Las cifras parecen confirmar también la tesis según la cual el divorcio no ocurre porque las personas valoren poco el matrimonio, sino al revés, por el extraordinario rendimiento que esperan de éste. Es tal la importancia que se le asigna al matrimonio como posibilidad de construir un mundo propio y protegido, como refugio y espacio de realización de la propia voluntad subjetiva, que las personas no están dispuestas a tolerar que su matrimonio sea menos que completamente exitoso. Esto explica que la mayor parte de los divorciados tenga la intención de formar un nuevo matrimonio y de hecho lo haga. La pregunta de fondo es si las expectativas de “éxito” matrimonial, en el sentido descrito, son realmente compatibles con la construcción de un auténtico hogar común, cuyo primer presupuesto pareciera ser la aceptación de la individualidad del otro.
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Posteado por: ignacio olaeta undabarrena 28/01/2012 09:23 [ N° 1 ] |
El divorcio es la consecuencia del matrimonio. |
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Posteado por: José Fregoso Edelstein 28/01/2012 11:36 [ N° 2 ] |
¿Qué tiene de extraño que las predicciones apocalípticas de los clericales y los fanáticos religiosos nunca se materialicen? |
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Posteado por: Patricio Balbontin Varas 28/01/2012 20:42 [ N° 3 ] |
Con gran desencanto veo que los matrimonios normales vuelven a incrementarse. Los divorcios disminuyen. Que espanto. Estamos en un proceso regresivo. |
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Posteado por: Alvaro Astaburuaga Gatica 30/01/2012 10:33 [ N° 4 ] |
Señor Director: |
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