Las recientes reuniones de los ministros de Defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para analizar el futuro de su presencia en Afganistán son la cristalización de las cada vez más frecuentes informaciones y trascendidos que denotan las dudas en el seno de la alianza transatlántica respecto de su presencia en ese país centroasiático.
Tras la rápida condena internacional de los eventos del 11 de septiembre de 2001 y la posterior intervención estadounidense en Afganistán, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó la creación de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), con el propósito específico de dar apoyo administrativo y luego militar a la nueva autoridad provisional en Kabul y sus alrededores. En 2003, ante un escenario en que Estados Unidos comenzaba a preparar su intervención en Irak, el mando de la ISAF (que hasta entonces había estado a cargo de países aliados en forma individual) pasó a la OTAN, lo que dio a los aliados la oportunidad de apoyar a los Estados Unidos, sin tener que seguirlos en su nueva expedición militar en Irak.
Pero la concentración estadounidense en la campaña contra el régimen de Hussein y el aumento de la resistencia talibán llevaron a la OTAN a un papel cada vez más activo en las operaciones de combate en Afganistán, previamente ejecutadas casi en su totalidad por fuerzas estadounidenses. Ese paso desde tareas de entrenamiento policial, seguridad y administración a una participación directa en combate comenzó a poner a prueba la verdadera convicción de los distintos aliados transatlánticos y el sentido de su presencia en Afganistán.
Mientras británicos y estadounidenses (que han sufrido más del 80 por ciento de las bajas aliadas) ponían énfasis en el ataque a la insurgencia, españoles, italianos y franceses daban prioridad a la reconstrucción. Estas diferencias de enfoque han ido provocando recriminaciones y desentendimientos dentro de la alianza. A su vez, la muerte de efectivos europeos ha encontrado alto rechazo de la opinión pública en sus respectivos países, desatando presiones políticas domésticas que poco a poco han ido minando la adhesión de sus gobernantes a la operación en Afganistán.
Si bien la OTAN ha cumplido un rol de contención de los talibanes, se ha hecho evidente que no posee el ánimo ni el músculo necesarios para ganar la guerra. Y su función, muchas veces superpuesta a la operación particular estadounidense ("Libertad Duradera"), ha ido restando sentido a su larga presencia en un conflicto que no siente como natural.
Y así, la secular constante de la fugacidad de las intervenciones extranjeras en este territorio -desde Alejandro Magno, pasando por el Imperio Británico, hasta la Unión Soviética, entre otros- parece en trance de confirmarse una vez más.
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Posteado por: HERNAN SAEZ IGLESIAS 07/02/2012 10:53 [ N° 1 ] |
Mientras Afganistán, Irán,Irak, Siria y todo lo relacionado con el mundo árabe y musulmán sufre la repuesta violenta y al borde de lo nuclear, nuestro propio mundo llamado occidental, sufre el otro ataque perverso y destructivo del pòder multinacional que ataca o impide -vía crisis financieras, laborales y cambios de gobiernos elegidos popularmente- la manifestación respetada de mayorías sociales. |
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Posteado por: Eduardo Araneda Caviedes 07/02/2012 11:08 [ N° 2 ] |
Mal análisis. EEUU actualmente negocia con Talibanes, ya que no pudieron exterminarlos al pasarse gran parte a Pakistán. Los drones que con daños colaterales matan niños, bombardean escuelas y hospitales en Pakistán, persiguiendo a la resistencia Talibana, no hacen más que perder a su "socio pakistaní". La encerrona a Irán no va parece... Ni siquiera son capaces de hacer caer ahora a Siria. ja! |
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