El Senado de la República discutió durante 24 horas y 21 minutos el Presupuesto de la Nación del 2012, plausible esfuerzo para establecer un pilar que permita que la administración opere. Las diferencias, superadas hasta donde se pudo con vocación democrática y talento político, confirman que los diálogos de madrugada siempre son útiles y pueden solucionar graves problemas e, incluso, los agravados artificialmente.
Antes de 1973 las amanecidas en sede parlamentaria ocurrían a menudo, no sólo en la discusión presupuestaria, que siempre ha sido motivante. Igual las leyes de facultades extraordinarias, de estado de sitio o políticas y económicas cruciales, como la cédula única o las relativas a la industria del cobre, daban lugar a jornadas de largo aliento, en que la dialéctica y el raciocinio corrían a raudales. Otro tanto sucedía con las sesiones de fiscalización, atribución que se ejercía en el hemiciclo y no en tertulias radiales o televisivas, que no existían. Todo ocurría, además, sin apoyos tecnológicos como los actuales. Los boletines se imprimían "a roneo", la "versión taquigráfica" era la verídica, todos producto del trabajo funcionario, y ni siquiera existían grandes respaldos gastronómicos corporativos. El restaurante Fornoni o el Hotel City calmaban el hambre y, en lo que se podía, la sed de los honorables.
Eran otros tiempos. A ratos pareciera que el espíritu sigue siendo el mismo.
CORUSCO
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