La vida humana supone cansancio y, por tanto, la fatiga forma parte de la existencia cotidiana de cualquier persona. No somos seres alados, sino que llevamos sobre nosotros el peso de nuestro cuerpo y la suma de todo un recorrido vital, de un conjunto de alegrías y sinsabores, de ilusiones y desencantos.
Nuestras elecciones y lo que nos acontece hacen de nuestro tiempo un continuo comienzo y despedida, y todo ello, a fin de cuentas, pone un sello de lasitud en la dinámica diaria a la que nos vemos sometidos.
Lo que en un momento del pasado despertaba entusiasmo luego no nos saca de la molienda (aunque también es justo decir que algunas indiferencias de antaño son primera prioridad en el presente). Pero, por lo general, lo que antes impulsaba y atraía es hoy dejado de lado y reemplazado por nuevas realidades que nos empujan hacia ellas. ¿Por qué queda atrás lo que alguna vez fue motivación principal? Quizás por el rasgo de finitud de todo lo que nos rodea. En este mundo nada es definitivo, y este carácter efímero de todas las cosas vuelve provisorio, para bien y para mal, lo que nos inquieta y lo que nos afecta, incluso la sensación de agotamiento y de pesadez que alguien, en ciertos días de mayor abrumo, no sabe cómo superar.
RODERICUS
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Posteado por: Irene Vergara Delgado 28/09/2011 09:57 [ N° 1 ] |
Hay que reencantar la vida permanentemente, empezando por mantener la salud fìsica. Atte. |
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Posteado por: Irene Vergara Delgado 28/09/2011 12:41 [ N° 2 ] |
Ejercitar el cuerpo, enamorarse, tener mascota y no ver tv.... |
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