Un reportaje en la televisión ha dejado al descubierto a un buen número de personas que, harapientos, enfermos o inválidos, solicitan en la vía pública "una ayudita por amor de Dios", sin ser realmente harapientos, enfermos o inválidos. Conocida esta situación, se produce una reacción negativa en quienes tienen la costumbre de ayudar al prójimo. Dejan de practicar la caridad y culpan a todos los mendicantes de ser iguales a esos impostores. Un escritor, Premio Nacional ni más ni menos, solía darles con el mocho del hacha a los niños que entraban al café de la esquina a solicitarle una moneda. "Mira -me dijo un día-, estos cabros son unos ladrones. Si te descuidas, de inmediato te meten la mano en la cartera. ¡No hay que dejarlos entrar!".
Se contrapone ese razonamiento con el modo de pensar cristiano: hacer el bien sin mirar a quién. El mandato del Maestro -un mandamiento nuevo- es amar al prójimo sin condiciones. Dar sin esperar nada a cambio. No dice el mandamiento que sólo hay que darles a los que son realmente pobres o enfermos, y no a quienes integran la "corte de los milagros". Mi deber es dar a todo quien me pide. El padre Hurtado, adelantándose a estas conclusiones, postuló que "hay que dar hasta que duela". Todo amor parece encerrar una carga significativa de dolor. Con todo, siempre será mejor ejercer la caridad que no hacerlo, porque, al final, el problema real será de quienes exponen sus "dolencias" con fines de lucro.
Mentessana
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Posteado por: Felipe Andes Valdes 10/07/2011 13:42 [ N° 1 ] |
El primer deber, si lo hay , es no ser ingenuo. |
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Posteado por: Claudia Elfeldt Z. 10/07/2011 17:19 [ N° 2 ] |
La anti ecuación |
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Posteado por: Felipe Andes Valdes 10/07/2011 18:42 [ N° 3 ] |
Caridad/lucro= ingenuidad/comprension |
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